Miércoles 19 de Abril de 2017

Informe Sintetizado

La universidad de Jujuy arregló el comedor con caja chica y nadie aprobó la rendición de cuentas

Un informe de la AGN reveló que el rector de la casa de estudios se asignó a sí mismo $ 131 mil para una obra que debió haber tenido compulsa de precios, contratos y certificados de finalización. También encontraron cajas de seguridad y cuentas sin declarar, y gastos de 2004 que nunca se justificaron. Cuatro funcionarios recibieron 20 cheques el mismo día.

El rector apeló a la caja chica para varias obras en la casa de estudios.
Hubo compras por $ 6 millones que no cumplieron las normas vigentes.

Miércoles 05 de Abril de 2017

Un informe de la AGN reveló que el rector de la casa de estudios se asignó a sí mismo $ 131 mil para una obra que debió haber tenido compulsa de precios, contratos y certificados de finalización. También encontraron cajas de seguridad y cuentas sin declarar, y gastos de 2004 que nunca se justificaron. Cuatro funcionarios recibieron 20 cheques el mismo día.

Pese a que existe por ley un límite de $ 30 mil para el uso de las llamadas cajas chicas en la Administración Pública, la Universidad Nacional de Jujuy financió por esa vía las refacciones de su comedor, que costaron $ 131 mil. 

Según el informe aprobado en 2016 por la Auditoría General de la Nación (AGN) -sobre la gestión presupuestaria de enero de 2013 a junio de 2014-, el rector de la Universidad se asignó a sí mismo adelantos por $ 131 mil bajo el régimen de caja chica”, aduciendo “razones de urgencia”. 

El relevamiento señala que las obras “se pagaron contra prestación de facturas” y fueron ejecutadas “sin contratos ni compulsa de precios, y no se encontraron actas de inicio, certificados de avance ni de recepción final”. 

No fue el único caso. La Auditoría recuerda que en 2014 el rector volvió a invocar “razones de urgencia para llevar adelante la mano de obra y adquisición de materiales destinados a distintos trabajos que estaban en su etapa final”. 

Para eso, otra vez la máxima autoridad de la Universidad “se asignó él mismo anticipo de fondos por $ 280 mil sujetos a rendición de cuentas bajo el procedimiento de caja chica”. El problema fue que “en el expediente no consta detalle alguno de las obras en ejecución”.

En ambos ejemplos, el organismo de control remarcó que, por un lado, “hubo incumplimientos en el régimen de caja chica”, porque se superaron los límites previstos, y por el otro, que la Dirección de Rendición de Cuentas de la Universidad “no se expidió” sobre las justificaciones de gastos que hizo el rector.

Sobre esto, el informe añade que “se aprobaron rendiciones de cuentas sin que intervenga la oficina competente de la Universidad”. E incluso hubo un caso para destacar: se trata de un detalle de gastos que logró el visto bueno de esa oficina un 14 de mayo, aunque “el rector ya había aprobado la rendición el 10 de mayo, cuatro días antes”.

Los datos llevaron a la Auditoría a concluir que durante el período analizado la casa de estudios adoleció de “falta de criterios y de encuadre legal en la gestión de los procesos de compras y contrataciones de bienes y servicios”. La sentencia se apoya en el hecho de que “la mayoría de los gastos efectuados no eran urgentes, y se podrían haber cumplimentado los procedimientos habituales”, sin tener que apelar a las cajas chicas. 

En rigor, el organismo de control contabilizó “compras de bienes y servicios (de la Universidad) por $ 6.055.401 sin cumplir con la normativa vigente”. 

Las cuentas bancarias

Con respecto a cómo registraba la Universidad el manejo de sus recursos, la AGN apuntó que “no existe certeza respecto de la integridad de las transacciones que movilizaron fondos”, lo que significa que no se sabe si esas operaciones fueron “contabilizadas en las cuentas correctas, en el periodo contable correspondiente y adecuadamente acumuladas”.

Para más, los técnicos descubrieron la “existencia de una caja de seguridad activa en el Banco Patagonia que no fue declarada”. Según la investigación, allí se “atesoraba moneda extranjera originada en la compra de bienes” que estaban cotizados en dólares. 

El texto narra que en octubre de 2014 esa caja fue cerrada “sin que se pudiera determinar el total de las adquisiciones, cuántos dólares se vendieron y, de existir un saldo, dónde se encuentra”. Para completar el cuadro, se determinó que la Universidad “no declaró fondos en moneda extranjera”.

Asimismo, la institución no declaró cuentas activas a su favor, las que, al cierre de 2013, tampoco contaban con arqueo de fondos ni valores. 
Entre los hallazgos de la AGN también se destaca que la Universidad de Jujuy usaba una cuenta bancaria “en fines distintos” a los previstos, destinándola a la cancelación de bienes y servicios, cuando originalmente fue pensada para el pago de sueldos. 

Los cheques y el tesorero 

El informe le dedica algunos tramos al titular de la Dirección General de Tesorería, a quien se atribuyen “reiteradas intervenciones en operaciones que excedían su competencia”. Sólo por mencionar movimientos de diciembre de 2013, se enumeró “el pago de liquidaciones, intentos de cierres mensuales que correspondían al área contable, transferencias de caja a banco, entrega de fondos a terceros, cobros de devoluciones de adelantos, entre otras”.

El tesorero también debió explicar por qué se libraron dos cheques por $ 3.686.794 “cuyo beneficiario fue la propia Universidad y que fueron cobrados efectivamente”. Ante esto, el funcionario dijo que la casa de estudios hizo “previsiones” por ese monto para hacer frente a un plan de pago por una deuda de contribuciones patronales. 

Ocurre que, según los auditores, “una previsión es una operación contable de índole económica, no financiera, y no implica movimiento de fondos”. Además, trascendió que el expediente con la documentación que respalda esta acción “no pudo ser localizado por los funcionarios de la Universidad”. 

Las rendiciones y los cuatro fantásticos

Con respecto a las rendiciones de cuentas, el informe enumeró varias cuestiones: se hallaron “atrasos (en las justificaciones) por anticipos otorgados en 2004”; hubo entrega de fondos “sin un encuadre claramente definido que establezca los requisitos mínimos de otorgamiento, periodicidad y rendición”, tampoco hay certezas sobre el dinero repartido y pendiente de rendición “porque el sistema contable no permite obtener esa información”; encontraron “una cantidad importante de cheques por más de $ 8 millones de los ejercicios 2011, 2012 y 2013, que restan ser rendidos y depurados de las conciliaciones bancarias; y hasta “se otorgaron nuevas asignaciones de fondos a responsables que registran rendiciones pendientes”.

Tras analizar estos anticipos, la Auditoría se encontró con que “el 60% de los fondos otorgados se concentró en cuatro funcionarios”. Además, al observar esto según la fecha de entrega de los cheques, se descubrió que la sumatoria individual de valores emitidos en un mismo día supera la limitación impuesta por el Banco Central, que dispone que no deberán abonarse por ventanilla cheques extendidos al portador o a favor de una persona por importes superiores a $ 50 mil.

Sólo para tener una idea del tenor de las operaciones, la AGN encontró 23 cheques emitidos el 20 de diciembre de 2013 por $ 1.239.660 y otros 17 con fecha 17 de julio del mismo año, por $ 837.416.

 
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