Desde el centro mismo de esa jerarquía como profesor en la Universidad de Harvard, Kennedy estudió y denunció el funcionamiento de la educación legal, destinada a reforzar las desigualdades de clase, raza y género. A través de cursos y textos dirigidos a los estudiantes de primer año, demostró cómo la educación jurídica tradicional se ocupaba de horadar mes a mes, clase a clase, las convicciones y los ideales de esos jóvenes, asegurando que los más altruistas se convirtieran, hacia el final de la carrera, en esmerados abogados de grandes empresas y grandes estudios.

Yo no estoy a favor de la prédica (no soy un buen proselitista ni siquiera cuando me lo propongo: soy demasiado viejo, arrogante y cínico). Y no me veo bajando línea, salvo para decir que el derecho es política, y que pienso que puedo enseñarlo legítimamente. Tengo la obligación profesional de transmitir a mis alumnos mi manera de entender la naturaleza de la disciplina. Siempre y cuando no los adoctrine ni predique cómo deben ser las reglas, no creo que pueda soslayar la obligación de enseñarles que el derecho es política, porque eso es lo que pienso. Por Duncan Kennedy