Publicado: 14-06-09

OPINION: Dr. HUGO B. QUINTANA, PRESIDENTE FUNDACION EFORO 

El disfraz se utiliza para ser quien uno no es o bien para tapar al que uno es.

Desde hace varias campañas políticas resulta interesante ver cómo los candidatos de turno van variando sus disfraces.

Pero esto no es sólo sus cambios de partido, sino también cómo se empeñan en disimular lo que de su carácter resulta menos tolerable para los demás.

No estamos hablando del discurso, de las verdades y las mentiras, de lo que se dice o se propone. Nos estamos refiriendo a la imagen, al rostro que se le presenta a la sociedad.

Veamos: el/la temperamental se disfraza de mesurado/a proponiéndose como una persona que escucha, atildada y reflexiva. El/la timorato/a se nos presenta resolviendo situaciones que exigen decisión y practicidad.

El adinerado/a se pone el casco de obrero de la construcción y con el pico y la pala en la mano nos dice que es posible sumar peras con manzanas.

Los que van punteando en las encuestas se convierten en hombres/ mujeres invisibles y escapan a cualquier debate que ponga en riesgo sus porcentajes. Entonces se disfrazan de vecinos y tocan tres timbres y se sacan miles de fotos como única campaña.

Y según las circunstancias se disfrazaran con barbijos, de hinchas de la Selección, de fan de un grupo de rock, con botas para el agua y demás.

Pero un nuevo hecho se suma a estas campañas con inusitada trascendencia.

Imitadores de políticos ha habido siempre, pero, acaso como nunca, ha cobrado importancia que un grupo de actores, se disfrace de algunos políticos de moda.

Podemos hablar de las faltas de propuestas de la política, de la ausencia de ideología en los partidos. Lo cierto es que algún escritor de ficción podría pergeñar un guión en donde estos imitadores de los políticos terminen siendo quienes, en definitiva, aporten ideas para solucionar los problemas cotidianos de los argentinos, mientras los referentes reales bailen o canten en los programas de mayor éxito.

Continuando con la ficción, podríamos pensar una Argentina con políticos que no existen sino en el mundo virtual. Una imagen digital y un nombre inventado bastarían para tener un candidato.

De algún modo hay listas que ya parecen estar en esta dirección.

Pero, aunque parezca contradictorio, la política sigue siendo el camino.

Que estos momentos transicionales y confusos no nos aparten de la senda democrática y que, cada uno, sin disfraces, trabaje para la reconstrucción de los partidos políticos, con nuevas ideas y nuevas formas. No hacen falta disfraces para comprender que nuestra realidad así lo exige.