OPINIÓN: Dr. Hugo B. Quintana Presidente Fundación Eforo

Los colegios están cerrados, no se concurre a las universidades. La justicia ha adelantado su receso. Vivimos acosados por la enfermedad. No son metáforas de una educación que no funciona, ni de una justicia paralizada, ni de la salud ausente. No es una novela de ciencia ficción, tampoco se trata de una maldición divina. Nuestro país está literalmente inmovilizado, no podemos juntarnos ni para rezar.

Resolver problemas públicos es una asignatura de la política, acaso la materia más difícil pero la más prioritaria. El estado es la herramienta adecuada y necesaria para la solución de las dificultades públicas.

Una sociedad que no se desarrolla es una sociedad que se enferma. El desarrollo es una construcción social en la que deben abundar las instituciones respetadas por todos, comenzando por el sometimiento de todos a la ley.

El desarrollo no es solo crecimiento econó-

mico. Los derechos humanos, las libertades civiles, la salud, un medio ambiente limpio, la educación, el trabajo, la seguridad, la justicia, son metas del desarrollo.

Este no surge de políticas aisladas, ni de "vientos de cola" circunstanciales. Practicar la división de poderes es el primer paso para el desarrollo.

Los argentinos, al votar de manera tan variada en las elecciones pasadas, hemos puesto a la dirigencia política en la responsabilidad ineludible del diálogo parlamentario (aunque esto parezca redundante). Recuperar el Congreso, afianzar la justicia, limitar la supremacía de un poder sobre cualquiera de los otros dos, son mensajes que se han escrito en cada sobre introducido en las urnas.

Por otra parte, la gripe A, el dengue agazapado, nos hacen ver de la manera más concreta y cruel que el camino que ha tomado la dirigencia desde hace décadas debe repensarse. Planificar la acción, organizar los recursos, no mentir, ni mentirnos, aceptar la realidad, son temas de una agenda urgente.

Pero no caigamos en la explicación sencilla de echar responsabilidades sólo a los políticos, porque éste también es un discurso que les conviene a aquellos que, fuera de la política, lucran con las necesidades y la miseria de los demás.

En estos días donde los virus han cortado las calles, han bloqueado las instituciones y nos imposibilitan el abrazo, reflexionemos para convertirlos, aunque parezca mentira, en tiempos de encuentros.

opinion@sersano.info