Publicado: 12-06-2011 
  
Capital Federal.- Los números nos rodean.

No hace falta ser matemático para estar sumergido en cifras, estadísticas y cuentas.

Hay números en las calles, en los ascensores, en los documentos, en los zapatos, en los grados del colegio, en los deportes, en los relojes y, por supuesto, en los bancos, los sueldos, los cheques y en cualquier actividad económica.

En tiempos cercanos a elecciones, nos invaden los números de las encuestas y terminadas las elecciones nos abruman los números que nos dicen lo erradas que estaban esas mismas encuestas.

Los números pueden servir para disfrazar, para ocultar, para informar, para descifrar, para clasificar, para calificar, para medir y tantas cosas más.

Las cifras nos impresionan, por eso se hace complicado rebatirlas si no es con otras cifras.

La utilidad de los números es tan variada que se transforma en vital poder manejarlos.

Aquellos que, de algún modo, se hacen dueños de los números tienen un poder difícil de imaginar, pero pensemos nomás en las estafas que se han hecho dibujando balances o modificando índices.

En nuestro país, hay discusiones que vienen atravesando las dos últimas gestiones presidenciales. Una, nítida, es acerca de la información periodística.

Se cuestionan los monopolios de los medios de comunicación y la utilización de las noticias.

La otra disputa notoria es la apropiación de la medición de los datos de calidad de vida de los argentinos.

Nació con el Indec y sus números cuestionados, con precios de productos divulgados que nadie consigue.

Hoy, ese proceder llega a la prohibición de que alguien más pueda medir precios o elaborar índices.

Los monopolios, a la larga, son siempre perjudiciales.

No importa si el que los conduce es del ámbito privado o del público.

Apropiarse de los números es pretender tapar una pérdida de agua con el dedo.

No pasará mucho tiempo en que la realidad nos diga que el agua nos está llegando al cuello.

Dr. Hugo B. Quintana PresiDente FunDación eForo.