A dos días del incendio que se llevó la vida de seis niños en La Boca, las víctimas denunciaron que el gobierno porteño no brindó alimentos, vestimenta, medicamentos ni atención psicológica a quienes sobrevivieron. Hasta que cobren el subsidio de Emergencia Habitacional de 300 pesos por seis meses, vivirán en piezas de hoteles y almorzarán en comedores comunitarios. Una vez más, un incendio revive la pésima situación del barrio turístico por excelencia: en los últimos dos años, todos los muertos por el fuego fueron niños y adolescentes; el 95% de los conventillos no tienen matafuegos y el 38,6% de los menores de 18 viven bajo la línea de pobreza. Un cóctel explosivo.

"Mi hija tiene asma y el humo le empeoró su enfermedad. El aerosol lo tuvimos que comprar con lo que donaron los vecinos", relata Marcela, quien con su panza de cinco meses logró tirarse por la ventana del ex banco Río de la Plata junto a sus niños de cuatro y seis años. Ayer por la mañana el comedor Los Pibes se transformó en un centro de acopio de ropa y alimentos. En medio de bolsas de consorcio y un televisor que escupía imágenes de la tragedia, las familias que sobrevivieron se sentaron a comer un plato de arroz con salchichas.

Es que hasta el mediodía de ayer, la atención del gobierno porteño –que no respondió a las consultas de Crítica de la Argentina– se había limitado a un brevísimo velatorio, la derivación de las familias a precarios hoteles de tránsito y un subsidio que después de diez meses los dejará, nuevamente, sin techo.

Aunque los incendios en las edificaciones precarias del barrio son cotidianos –en verano por cortocircuitos, en invierno por las improvisadas calefacciones; siempre, por las condiciones de vivienda– no existe ningún programa de prevención. Luego de un relevamiento en los 31 conventillos propiedad del Instituto de Vivienda de la Ciudad, la Auditoría General porteña descubrió que en el 86% no existen matafuegos, el 81% tiene pésimas instalaciones eléctricas, el 72% se llueve y la mitad tiene instalaciones muy precarias de gas.

Sin embargo, para la Defensoría del Pueblo el problema es más grave y se extiende a una zona más amplia. Para su titular, Alicia Pierini, "todas las construcciones de ese tipo en la Comuna 4 (La Boca, Barracas, Parque Patricios y Pompeya) tienen un alto riesgo de incendio".

Según un trabajo de la Asesoría General Tutelar de la Ciudad y del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el 5,9% de la población porteña, 178.520 personas viven en inquilinatos, pensiones y casas tomadas. Pero en el caso específico de La Boca, una gran porción se reparte en la red de conventillos que existe desde tiempos inmemoriales.

Para las autoridades del Plan Urbano Ambiental "los conventillos de La Boca constituyen una alternativa singular de la vivienda colectiva y su rasgo principal es el lazo social que se manifiesta en la vida del patio común usado como plaza, patios de juegos, guardería y espacio de trabajo". Aunque el texto es la ley urbanística madre de la Ciudad, nada de lo que dice al respecto es cierto. La mayoría de sus habitantes sobrevive hacinada, expuesta a incendios y con la mayor parte de sus niños indefensos. Hace tres días, murieron seis de ellos. Para la Comuna, la tragedia volverá a repetirse.

Petitorio para que no vuelva a ocurrir

Apenas ocurrió el incendio, los vecinos de La Boca se movilizaron. Además de las donaciones de ropa y alimentos, una multisectorial integrada por organizaciones sociales de la zona se reunió anoche para confeccionar un petitorio en el que reclamarán a Mauricio Macri que implemente medidas para evitar una nueva tragedia. Además, planean realizar una marcha a la sede del gobierno porteño.