Publicado: 18-01-09

 

En diciembre, el municipio tuvo que destinar la cifra récord de 12,5 millones de pesos para cubrir el déficit imparable de Tamse.

 

En dos semanas la empresa Cliba pasará a ser la ex prestataria del servicio de higiene urbana y será historia el largo reinado del Grupo Roggio como principal contratista de la Municipalidad de Córdoba. El más estratégico, universal y oneroso de los servicios que hasta ahora presta el municipio a través de terceros quedará en manos de Córdoba Recicla Sociedad de Estado (Crese). La municipalización total de esa prestación es la decisión urbana más trascendente en muchos años, y sin dudas será la que marcará el destino de la todavía errante gestión de Daniel Giacomino.

Más allá de la responsabilidad operativa de coordinar el complejo universo de variables técnicas, ambientales y culturales de las que depende que la basura pueda ser recogida y tratada en tiempo y forma, el municipio deberá demostrar con Crese que aún es capaz de administrar recursos y personal sin terminar en un descontrol absoluto. Si el estado general de la ciudad y la magnitud de la crisis financiera de la propia Municipalidad no ofrecen una sola razón para el optimismo, el antecedente inmediato asusta: Transporte Automotor Municipal Sociedad del Estado (Tamse).

Un agujero negro. Tamse fue creada en 2002 por el ex intendente Germán Kammerath debido a la deserción del sector privado. Arrancó con dos corredores paupérrimos, 60 colectivos maltrechos que además eran alquilados y un índice de choferes por unidad tres veces más alto que el de las empresas privadas. En ese entonces perdía 1,5 millón de pesos al mes.

Durante la gestión de Luis Juez, Tamse vivió un proceso de capitalización que la llevó a ser la empresa más importante del sistema en lo que hace a flota y a corte de boleto. En la actualidad tiene 270 unidades propias que son las mejores del sistema y explota trolebuses y servicios de colectivos comunes y diferenciales. Pero en paralelo crecieron las pérdidas: hoy el municipio debe destinar una media de cuatro millones de pesos al mes al sostenimiento de la empresa porque el déficit corriente es ascendente, pese a que todas las inversiones corren por cuenta de la Municipalidad de Córdoba.

En diciembre pasado, Tamse marcó un récord de pedidos de subsidios. Según lo que indican los cuatro expedientes que llegaron al Tribunal de Cuentas hasta el 26 de diciembre, las "asistencias financieras" llegaron a 12,5 millones de pesos. Se estima (no hay modo de saberlo con precisión) que en todo el 2008 se transfirieron a Tamse unos 60 millones de pesos.

Para peor, lo único que se conoce de la administración de la empresa son las pérdidas. La figura jurídica de la Sociedad del Estado deja al Tribunal de Cuentas al margen de los controles administrativos. La supervisión está en manos de una Comisión Fiscalizadora que debería jugar un rol fundamental, pero que no presentó la Concejo Deliberante los dos últimos informes trimestrales obligatorios.

Es tan alarmante la situación que evidencian los sucesivos decretos de "asistencias financieras" que los vocales de la UCR solicitaron al Tribunal de Cuentas una auditoría a Tamse. Pero la medida debe ser dispuesta por la presidencia del organismo, y hasta ahora no fue ordenada.

De las tres empresas que operan en el transporte urbano, Tamse es la que tiene mayor recaudación. Además, recibe casi dos millones de pesos mensuales en subsidios nacionales, con la particularidad de que la masa de dinero girada en ese concepto creció entre diciembre de 2007 e igual mes de 2008 un 44 por ciento, mientras que Coniferal y Ciudad de Córdoba registraron aumentos del 30 por ciento.

En la Municipalidad de Córdoba admiten que la situación de Tamse es insostenible tanto desde el punto de vista financiero como político: el desmanejo que evidencian sus cuentas es una contradicción flagrante para una gestión que decidió hacer suya la bandera del Estado empresario, y que pretende convencer a los vecinos de que Crese prestará un servicio más eficiente y más barato que el que ofreció Cliba en los últimos años.

Las consecuencias de Tamse a nivel financiero nunca fueron tan palpables: mañana el Banco Nación depositará en las cuentas del municipio 60 millones de pesos que marcan el retorno de la riesgosa práctica de endeudarse para solventar gastos corrientes desmadrados. La cifra es idéntica a la del déficit de la empresa municipal de transporte.

Hay más coincidencias. Si se consideran también los aportes del municipio a las prestatarias privadas del servicio urbano, las transferencias al transporte llegan a 80 millones en 2008. Es el número que marca la magnitud de la deuda flotante del municipio con sus proveedores.