Después de 18 meses, volvió la presencialidad plena para los estudiantes secundarios de todo el país. Durante un año y medio, todo cambió y hubo efectos que aún son difíciles de dimensionar. Cuántos jóvenes volvieron a las aulas, qué se aprendió desde la llegada de la pandemia, cómo la escuela se adaptó a los nuevos tiempos, qué pasará con quienes tuvieron dificultades para seguir con las cursadas.

Con el paso del tiempo y, a medida que avancen los análisis, más se conocerá sobre las consecuencias de una revolución del sistema educativo ante la amenaza de una enfermedad que paralizó al mundo. Mientras tanto, lo que no puede esperar es la vuelta a clases y a intentar cierta rutina que permita potenciar el aprendizaje.

Según un informe publicado recientemente por la UNESCO , los cierres prolongados han supuesto un retraso en el aprendizaje y aumentado la tasa de abandono escolar. En tanto, desde el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) presentaron un documento en el que señalan que el 73 por ciento del estudiantado de 15 años del país estaría por debajo del nivel mínimo de rendimiento escolar (según la medición de las pruebas Pisa).

La virtualidad fue la forma de sostener la cursada durante el aislamiento.

El efecto más preocupante sigue siendo el aumento de jóvenes que no pudieron volver a las aulas por razones sociales, económicas o sanitarias. Hay adolescentes que ante la crisis económica empezaron a trabajar. También quienes ya no pueden trasladarse a la escuela a la que asistían o tienen alguna cuestión de salud por lo que deciden no ir para evitar contagios. 

Etapa de reconstrucción

"Estamos en plena reconstrucción después de un hecho inédito que rompió con todo", señala Leticia Guindi, docente de Historia en el Colegio Secundario Mariano Acosta y vicerrectora del Colegio Secundario Nicolás Avellaneda, ambos de la Ciudad de Buenos Aires. "Hay un alto ausentismo que puede ser por la rutina de la virtualidad y que recién ahora estamos volviendo a la presencialidad plena. El desafío es reconfigurar la vuelta a las aulas, con toda la experiencia del último tiempo".

La ausencia a clases a la que se refiere a Guindi es multicausal . "Los colegios en los que trabajo son públicos y la realidad de cada estudiante es muy diferente. En algunos cursos faltan jóvenes porque tuvieron que salir a trabajar, viven lejos o tienen una enfermedad de base y temen contagiarse de Covid. También las entradas y salidas siguen siendo escalonadas para respetar los protocolos y eso imposibilita a algunas familias a organizarse", indica.

Según se desprende del informe publicado por CIPPEC, antes de la irrupción de la pandemia, el 95% de los / las adolescentes y jóvenes de entre 12 y 17 años asistían a la escuela, pero sólo 7 de cada 10 jóvenes de los grandes centros urbanos finalizado a la educación secundaria. El año pasado, 4 de cada 10 jóvenes tuvieron bajo o nulo vínculo con los cursos y docentes. En el primer semestre de 2021, hubo un ausentismo muy alto que llegó a alcanzar el 90 por ciento

"La pandemia evidenció el rol social de la escuela", asegura la docente Leticia Guindi.

"La pandemia evidenció el rol social de la escuela. Claro que hubo chicos con conectividad y posibilidades de seguir con las clases de manera virtual pero también hubo muchos que no contaban con los dispositivos. Y ahí también estuvo la escuela, al menos en las que yo trabajo, ambas con una mirada muy inclusiva, con docentes que buscábamos la manera de que no pierdan el vínculo y, por ejemplo, imprimíamos tareas para que se la lleven cuando venían a buscar la vianda", explica Guindi.

Si bien el 2020 fue un año que desafió al mundo, no todos debieron enfrentarse a las mismas limitaciones. Y entonces las trayectorias y aprendizajes de un joven con dispositivos a disposición y tiempo disponible para estudiar no fue la misma que la de un estudiante con acceso restringido y con otras ocupaciones a resolver. 

"La virtualidad se interpuso en el vínculo entre docente y estudiante", sostiene Manuel Becerra, especialista en Educación.

"En términos de aprendizajes, el 2020 fue un año débil. Quedó superficial la construcción de contenidos mediante Classroom o Zoom. Trabajo en una escuela con una población heterogénea y había baja conectividad, pocas entregas de trabajo, muchos problemas en las casas. La virtualidad se interpuso en el vínculo entre docente y estudiante, una relación que se construye sobre todo con presencias", explica Manuel Becerra, especialista en Educación y docente de Historia del Colegio Sarmiento de CABA. 

Esas son las presencias que hoy comienzan a reconstruirse. O al menos es lo que se necesita. La vuelta a clases también es inédita porque poco ha vuelto a ser como antes. "Toda la dinámica de afectos puesta en juego es muy fuerte. Son relaciones necesarias, se habla sobre temas que quizás no lo charlan ni en la casa ni con ningún otro adulto. Vamos a ir recuperando y volviendo a ganar ese espacio de confianza", afirma Becerra.

Sobre los efectos de la pandemia en lo educativo, considera que es momento de "rescatar lo positivo, que también estuvo, del uso de ciertas tecnologías y potenciar algunas situaciones que naturalizábamos de la presencialidad. Mi interés hoy está puesto en cómo aprovecharla, en hacer salidas que antes conocíamos como excursiones. Vivir esas experiencias con los/as estudiantes. Soy profesor de historia y en Buenos Aires hay muchos espacios como el Cabildo, la ex-Esma, el Museo de Bellas Artes para redescubrir", agrega.

El rol de los y las docentes

Entre los grandes desafíos que presenta el sistema educativo de la postpandemia se destaca el de repensar el rol del/as docentes, reformular los sistemas de evaluación, ciertas metodologías y asignaturas. 

"Lo que veo es una falta de gimnasia escolar grande . Después de este año y medio les cuesta más concentrarse, leer un texto y comprenderlo. Hay una falta de ejercicio. Estamos revisando los métodos de evaluación, haciendo un seguimiento más personalizado, viendo la situación de cada uno para que puedan continuar y aprender de la mejor manera posible", indica Becerra. 

"La escuela sigue siendo un paliativo ante la desigualdad", señala Guindi.

"La escuela sigue siendo un paliativo ante la desigualdad, no digo que seamos exitosos pero hacemos muchos movimientos y seguimos trabajando en ese sentido. Apuntar a brindar las mismas posibilidades teniendo en cuenta las dificultades. Redoblar un seguimiento personalizado con los chicos, ser más creativos y flexibles en organizar las cursadas", destaca Guindi.

La escuela secundaria es un espacio de aprendizaje y también de cuidado. Si algo también dejó al descubierto estos últimos meses es que la mayor parte del rol social que cumple la institución recae sobre los docentes que a cambio suelen recibir salarios magros e ínfimos en función a su desempeño laboral. 

"Nada reemplaza a la presencialidad ", dice Becerra.

"Los dispositivos, el espacio, el tiempo de disposición completo, la readaptación de los contenidos, todo fue tarea que recayó en los docentes. Teníamos dudas con la vuelta porque vivimos aún en una pandemia, por exposiciones riesgosas y apresuradas. Pero nada reemplaza a la presencialidad en un aula", afirma el especialista en Educación.

Sumar recursos para contener a los jóvenes

Varios estudios comienzan a dar cuenta de los efectos que la pandemia provocó en la salud mental de la población y sobre todo en los jóvenes. "Se necesita contención, una readaptación, muchos perdieron familiares en la pandemia y nosotros como escuela deberíamos contar con más tutores que puedan hacer un acompañamiento. Hay que reforzar los gabinetes pedagógicos. También más recursos profesionales para poder ir a visitar a ese chico que dejó. Hay un esfuerzo enorme, pero no alcanza. Necesitamos que se paguen las horas extras, que aumenten los salarios, que se incorporen profesionales para atender toda esta complejidad, porque son muchos casos y todos muy distintos ", agrega la vicerrectora del Nicolás Avellaneda . 

"Una situación como la pandemia reproduce desigualdad. Es como un terremoto, la pasa mejor el que tiene la casa construida con sistema antisísmico. Hoy nos encontramos en una situación muy difícil, donde hay que hacer rastreos, buscar la manera de que vuelvan al colegio, ofrecerles un camino, un programa de terminalidad, de lecciones posibles para hacer. Con personas que estén capacitadas, que estén contratadas y reciban un salario a cambio de su trabajo. Y para eso son necesarias políticas y cambios", concluye Becerra.