Se basa en que ninguna parte de una organización (organismo, ente, empresa, etc.) tenga control absoluto sobre un determinado proceso, con el fin de darle mayor transparencia a la gestión.

 

Cuando el proceso es fragmentado y asignado a dos sectores, permitiendo un control cruzado de los intereses de las áreas involucradas, disminuyen los riesgos o posibilidades de la comisión de irregularidades o de su ocultamiento.

 

Ejemplo: El control de asistencias de los médicos de un Hospital, no debe ser llevado a cabo por el jefe de cada área, sino por un encargado ajeno a los servicios específicos.