Es imposible saber cuando al nacer, cuál será el lugar que le irá asignando la vida. No se nace médico, ni albañil, ni héroe, ni asesino serial.
Aparecerá, con los años, el tema de la vocación. Un llamado al que no se lo puede ignorar y nadie nos dirá nada por ello. Pero la vocación, como definió alguna vez Bolívar, es hija legítima de la necesidad. Cuando es necesario son pocos los que responden al llamado.

Murió Alfonsín, símbolo de la recuperación democrática. Los que votaron por primera vez en su vida a los 25 años no lo olvidarán jamás. Los que obligadamente se fueron del país y pudieron regresar a respirar el aire del terruño, tampoco. Sumemos también a tantos que nos tocó vivir esos días y tendremos anécdotas personales que ojalá podamos transmitir a nuestros hijos por que es difícil que comprendan de lo que salíamos y la esperanza que teníamos en lo que vendría.

Para APOC significó el principio de un sindicato para el personal de todas las categorías del entonces Tribunal de Cuentas de la Nación (hasta ese momento solo se representaba al personal jerárquico). Le hicimos paros a Alfonsín, más paros que a ningún otro presidente. Tal vez porque en esa democracia incipiente era más sencillo el coraje. Después nos dimos cuenta, no se lo merecía.

Murió Alfonsín. Se murió un político interesado hasta sus últimas horas en la suerte de su país. En este pequeño recordatorio queremos reproducir una frase de él, dicha en la apertura de sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación en 1983 que bien puede servir por estos días: “Llega más lejos la acción concentrada de todo el pueblo que el acto solitario de cualquier gobernante, por más genial que parezca. Esa es la superioridad de la Democracia sobre el autoritarismo”.

Murió Alfonsín. Murió un político, y para despedirlo, recordar el Mercosur, el juicio a las Juntas, la paz con Chile por el Beagle, la eliminación de la censura, el divorcio, la Conadep, el Nunca Más. Terminando del mismo modo con el que solía cerrar sus discursos de campaña, como una suerte de plegaria cívica que algunos habían aprendido, golpe a golpe, en el colegio pero que impactaba por los principios a recuperar. Esta oración, laica y ciudadana, era el preámbulo de nuestra Constitución, “…con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a defensa común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino…”

Murió Alfonsín. Murió un político.

 

Hugo Quintana