Publicado: 15-01-2011

Matías Miret acababa de regresar de un vuelo privado que había hecho a El Calafate cuando recibió el llamado de Gustavo Juliá. El dueño de Medical Jet y Federal Aviation le ofrecía contratarlo para un viaje transatlántico a bordo de un jet ejecutivo Bombardier Challenger 604 que tenía como destino el aeropuerto de El Prat de Llobregat, en Barcelona. Era 20 de diciembre. El vuelo debía partir el día de Navidad, pero Miret se entusiasmó enseguida.

En sus 37 años de vida, nunca había piloteado una nave de esas dimensiones.

Lo consideraba una experiencia única y un logro profesional indudable.

Miret había llevado de gira a artistas internacionales, como Chayanne, Alejandro Sanz y Marco Antonio Solís. Había trabajado muchos años para Baires Fly, de Luis Grande, y para Aerorutas, del Grupo Werthein, y últimamente para la compañía Jet Net. Pero jamás había viajado antes a Europa, ni como piloto, ni como turista. El comandante de la nave sería Eduardo "Piluso" Juliá, el hermano mayor de Gustavo, y el copiloto sería él. Los dos se conocían por su actividad.

Dos días después, sin dar demasiadas explicaciones, el menor de los hijos del fallecido brigadier José Juliá le informó que el viaje se postergaría para el último día del 2010. A Miret le sorprendió que el jet partiera de la Base Aérea de Morón hacia Ezeiza antes de volar hacia Cabo Verde y que a él, en cambio, le pidieran que fuera directamente a Ezeiza. "Qué raro. ¿Quién habrá cruzado el avión?", se preguntó.

No es habitual que una sola persona, sin copiloto, traslade una nave de un aeropuerto a otro. Después, le pareció sólo un detalle. Ahora, por todo eso, la familia de Miret sostiene que fue engañado por los Juliá. La Justicia aún duda.

Cuarenta y ocho horas más tarde, los nombres de los hermanos Gustavo y Eduardo Juliá, de 48 y de 50 años, y el de Matías Miret se convertirían en sinónimo de narcotráfico. El intento fallido de hacer ingresar 944 kilos de cocaína por vía aérea en el viejo continente sorprendería a propios y a extraños. Nunca antes nadie había intentado algo semejante.

Ni los narcos mexicanos ni los colombianos, que suelen apostar al contrabando a través de "mulas" o a la vía marítima para vulnerar las fronteras europeas.

¿Con qué aval contaban los argentinos para una aventura semejante? Una historia ligada a la Fuerza Aérea, vinculaciones con distintos sectores políticos y, en los últimos tiempos, nexos con organizaciones de narcotraficantes.

Hoy los tres están presos en distintos calabozos de la jefatura Superior de la Policía de Cataluña y sólo se hablan para recriminarse. La pista de un cuarto pasajero que arribó a Barcelona se perdió y sobre él se tejen hipótesis de las más diversas.

Los padres de Juliá y Miret tenían un peso indiscutible en la historia de la Fuerza Aérea. El brigadier José Miret había sido secretario de Planeamiento durante la dictadura de Jorge Rafael Videla. José Juliá había ganado notoriedad con la llegada del menemismo como jefe de la Fuerza, entre 1989 y 1993. En esos años surgió "Brigadieres SA", una organización de miembros de la Fuerza Aérea retirados y en actividad que se dedicó a los negocios en los aeropuertos. Su nombre quedará para siempre ligado a los negocios privados de Alfredo Yabrán.


El Bombardier Challenger 604 N600AM, con matrícula de Estados Unidos, es una rara avis en el mapa aéreo local. Existe sólo uno de ese tipo en la Argentina y pertenece a Eduardo Costantini, CEO de Consultatio y dueño de Nordelta. Cuesta alrededor de 10 millones de dólares y pesa 20.000 kilos. Sin embargo, nunca había pesado tanto como el 31 de enero último, cuando sumó una tonelada de cocaína en su interior.

La nave fue calificada con el Código Rojo por la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) debido a que Gustavo Juliá aún tiene abiertas causas penales importantes que lo acompañan desde que comenzó a hacer negocios con el PAMI.

La gran pregunta que se repite gira en torno al origen y a los proveedores de la droga.
Fuentes aeronáuticas, judiciales y políticas coinciden en que la droga salió de la Argentina y desestiman la posibilidad de que hubiera sido camuflada en el aeropuerto Amílcar Cabral, de la Isla de Sal, en el archipiélago de Cabo Verde.

Es que el Challenger 604 estuvo allí menos de una hora y más de veinte días estacionado en la Base Aérea de Morón después de su último movimiento en el país.
Una persona que dialogó telefónicamente con los detenidos admitió a NOTICIAS que la droga no estaba ni en cajas ni a la vista.

Los dos jueces que están a cargo de la investigación tienen sospechas similares. Tanto Marcelo Aguinsky como Alejandro Catania desconfían de la información que dejó trascender la Policía de Seguridad Aeroportuaria: "Si llegó escondida en el forro de las paredes del avión, se cargó en la Argentina. Eso puede llevar dos días. Si la camuflaron en Buenos Aires, incluso, la PSA pudo no haberla visto, porque es imposible que lo detecte el ojo humano", sostienen. La llave de la investigación, de todas formas, parece estar en España, donde el hermetismo prima. La Justicia argentina espera, además, el cruce de llamados de los teléfonos de los Juliá.


En el último año y medio, los hermanos Juliá habían decidido dar un salto. Primero, vendieron uno de los aviones Lear Jeat 35 al empresario santacruceño Lázaro Báez. Después, obtuvieron –a través del sistema de leasing y por un año– un Hawker 800 XP matrícula N348MC, valuado en 3 millones de dólares. Amigo y socio de Néstor Kirchner, Báez ya conocía a los Juliá: había alquilado en cuatro o cinco oportunidades los aviones de Medical Jet para volar a su provincia y a Comodoro Rivadavia, donde explota áreas petroleras. Walter Sansot, un ex piloto de Río Gallegos que trabaja en su empresa Top Air, le recomendó que aprovechara la oportunidad que le planteaban los Juliá. En el 2009, Báez le hizo caso: pagó 1.300.000 dólares y se quedó con el Lear 35.

Casi al mismo tiempo, Gustavo Juliá consiguió el primer avión con el que comenzó a volar a Europa. Lo hizo gracias a Fred Machado, un operador argentino radicado hace veinte años en los Estados Unidos. Machado es el dueño de South Aviation, una compañía del sur de La Florida, que les entregó el Howker entre el 15 de septiembre del 2009 y el 15 de septiembre del 2010 a cambio de un seguro de 500.000 dólares. Con ese avión, según informó la PSA, los hijos del brigadier de Menem volaron en el 2010 al aeropuerto Viru Viru, de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, acompañados por un colombiano y un argentino buscados por formar parte de la banda de la "narcomodelo" Angie Sanclemente Valencia, detenida desde enero del 2009. Pero en esa ocasión, el copiloto de los Juliá no fue Miret, como se difundió, sino un piloto llamado Claudio Burgueño, que también trabajó para Baires Fly y Jet Net.

Treinta años antes, Juliá padre había desembarcado en el mismo aeropuerto que sus hijos.

Era vicecomodoro y, a principios de los '80, fue enviado por la dictadura militar como jefe de la "Misión Sabre". Los Sabre eran viejos aviones de reacción a chorro que la Argentina le había vendido a Bolivia, y Juliá fue el jefe del equipo que acompañó esa venta. Un ex comodoro aseguró a NOTICIAS que los miembros de la Fuerza Aérea argentina quedaron como entrenadores de los pilotos bolivianos. Allí, según recuerda hoy, Juliá padre inició su vínculo con Bolivia, donde, dice, hizo amigos de todo tipo.

Fred Machado olfateó algo raro cuando al finalizar el leasing del Howker 800 XP, Gustavo Juliá le pidió un Challenger con el propósito de llegar a Europa con una sola escala. "Es como que te compren un Citroen hoy y vengas mañana y te pidan un Mercedes", dice ahora Machado a NOTICIAS. La operación no se concretó porque el dueño de South Aviation cuadriplicó el seguro que le pidió a Juliá para entregarle el nuevo jet. Eso pese a que, según reconoce, Gustavo pagaba siempre el leasing por adelantado. El menor de los hermanos cerró el trato poco después con la compañía Jet Lease en condiciones más favorables. Según públicó Clarín, Juliá depositó un seguro de 400.000 dólares y acordó un pago mensual de 75.000 dólares.


El investigador de la UNAM, Luis Astorga, sostiene que –por su ubicación geográfica– la Argentina se convirtió en muy poco tiempo en un país clave para la triangulación a la que apuestan los narcos de la región. Autor del libro "Seguridad, traficantes y militares", Astorga sostiene además que, de acuerdo con los informes de las Naciones Unidas, en los últimos cinco años Europa incrementó sus niveles de consumo de cocaína casi hasta igualar a los Estados Unidos. "Nunca en veinte años conocí un grupo que haya intentado algo así.

Todo indica que le apostaron mucho a la suerte", dice desde México.

El Challenger 604 llegó a la Argentina procedente de Aruba, en el Caribe, el 6 de noviembre. En el mercado, lo habitual es que un jet privado de 10 millones de dólares quede estacionado en el aeropuerto de San Fernando o en Aeroparque. Pero el avión de los Juliá estuvo casi un mes parado en la Base Aérea de Morón, uno de los aeropuertos que aún están bajo la órbita de la Fuerza Aérea y no pasaron a ser competencia de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC). El ente que el Gobierno creó en el 2008 está a cargo de Alejandro Agustín Granados, el hijo del siempre oficialista intendente de Ezeiza, y es uno de los organismos que debieron haber controlado al avión de los Juliá antes de su partida. Lo mismo que la PSA, Migraciones y la Aduana.

En Morón, hay sólo tres hangares privados. Uno que perteneció a CATA, una empresa de transporte aéreo que quebró en los '90, y dos que pertenecen a una compañía de helicópteros y simuladores, en los que suelen organizarse ferias aeronáuticas. En uno de ellos estuvo la nave hasta que el 7 de diciembre voló a Mar del Plata, una ciudad que los hermanos Juliá conocían bien. Allí vivía Daniel "El Ñato" Monroy, el dueño de una agencia de seguridad y de una escuela de artes marciales. Monroy es el tío del modelo argentino Nicolás Gualco, la pareja de la narcomodelo Angie Sanclemente Valencia, la ex reina del café de Colombia.

Los tres están detenidos desde hace un año, procesados y acusados de contrabando agravado de estupefacientes en la causa que lleva adelante el juez Aguinsky. El jet corporativo de los Juliá estuvo 24 horas en la ciudad balnearia y volvió a Morón el 8 de diciembre. Allí permaneció hasta que el 1 de enero a las 20.44 partió hacia Cabo Verde.

EL CLAN. En la colonia aeronáutica, todos coinciden: Gustavo Juliá es el cerebro de la organización que cayó en El Prat. "Todos sabíamos que no era trigo limpio, pero no imaginamos jamás que podía dedicarse a eso", dice un hombre que lo conoce bien. El mayor de los hermanos es Eduardo Antonio Juliá, alias "Piluso", y figura desde septiembre pasado como único integrante del directorio de Federal Aviation y como presidente. Sin embargo, su rol sería apenas operativo.

Acredita una larga trayectoria, fue piloto de Austral, y era el comandante del Challenger. Las fuentes consultadas dudan de que Gustavo, el mayor, fuera piloto. Si se recibió, hace veinte años que no vuela.

La ruta de Mar del Plata que investiga la Justicia no es la única que vincula a los pasajeros del Challenger 604 con redes de narcos que atraviesan las fronteras. Es que, según coinciden distintas fuentes ligadas a Juliá, el entorno más próximo del dueño de Medical Jet y Federal Aviation no está
integrado por su hermano Eduardo y por Matías Miret. Mucho menos, dicen, por el vicecomodoro Guillermo Juliá, que ahora fue pasado a disponibilidad por la Fuerza Aérea hasta que se resuelva su "situación familiar". Los laderos principales de Juliá son Carlos Gustavo Luaces y Fernando Currais, dos hombres que conocen íntimamente los negocios de su jefe. Según reveló el diario Perfil, "El Pájaro" Luaces aparece involucrado en la causa en la que se investiga el doble crimen del shopping Unicenter de Martínez, en julio del 2008, en el que fueron asesinados los colombianos Jorge Quinteros Gartner y Héctor Duque Ceballos. Luaces admitió ante la Justicia que uno de los imputados, Jorge "El Zurdo" Moreyra, se comunicó con un teléfono de Federal Aviation que le pertenecía.

El número 3 de Federal Aviation es Currais, aunque su nombre aún no trascendió. Fuentes del mercado sostienen que es un empresario que comenzó a trabajar con el brigadier José Juliá hace más de quince años.

Su nombre también está en la mira de los investigadores.


José Juliá fue el jefe de la Fuerza Aérea entre 1989 y 1993. Enseguida, comenzó a hacer historia. En su primer año de gestión firmó una resolución que autorizaba la concesión de los servicios de rampas y free shops y depósitos fiscales a Intercargo, Interbaires y Edcadassa, firmas que eran adjudicadas a Alfredo Yabrán. Las fuentes de la Fuerza Aérea recuerdan que Juliá, Yabrán y el ministro de Defensa, Erman González, habilitaron los negocios del empresario tras sacarle la seguridad de los aeropuertos a la Gendarmería y dársela a la PSA.

Aún hoy los allegados al empresario telepostal lo niegan, pese a que fue probado por NOTICIAS hace años. "Esas empresas no eran de Alfredo y Juliá nunca fue su amigo", afirma desde Montevideo Héctor Colella, amigo y socio del empresario que consideraba que sacarle una foto era como pegarle un tiro. Domingo Cavallo, en cambio, sostiene que la relación original de Yabrán era con el brigadier Ernesto Crespo, el antecesor de Juliá en el cargo. "Los había presentado el brigadier Rodolfo Etchegoyen, quien conocía a Yabrán de Entre Ríos, pero no sabía en lo que Yabrán realmente andaba. Cuando lo descubrió, Etchegoyen era administrador de la Aduana, fue obligado a renunciar y terminó suicidándose de una manera que dejó lugar a muchas dudas", dice a NOTICIAS.


Son pocos en la política argentina los que pueden desligarse de los Juliá. Su nombre surcó las eras de Menem, Duhalde y Kirchner.

Un año después de que Juliá dejó su cargo, sus hijos crearon Medical Jet, una compañía dedicada al negocio de los vuelos sanitarios. Durante 15 años, tuvieron sólo un Lear Jeat 25 en sociedad con Mac Air Jet, la firma de Franco Macri. Se dedicaron a trasladar órganos para trasplantes que hacía el INCUCAI. Rápidamente se quedaron con una parte del mercado y comenzaron a engordar expedientes en los tribunales.

Funcionarios que pasaron por la obra social de los jubilados coinciden en que ingresaron al PAMI durante la gestión de Víctor Alderete, gracias a la estrecha relación que Gustavo Juliá tenía con César López Elorreaga, el yerno de Alderete. "Cobraban 41.000 dólares un viaje a La Rioja que salía 15.000, y ganaban las licitaciones", recuerda una fuente del mercado. De ese tiempo, al mayor de los Juliá le queda pendiente el juicio oral que deberá afrontar por haber cobrado 4,8 millones de dólares de sobreprecios en vuelos sanitarios.

Pese a eso, en el 2003, Eduardo Duhalde lo designó como gerente económico financiero de la obra social de los jubilados.

Entonces, la Auditoría General de la Nación denunció que Juliá violaba la ética pública por estar de los dos lados del mostrador: funcionario público y socio de prestadoras.

La ex ministra de Salud, Graciela Ocaña, vincula a Gustavo Juliá con Luis Barrionuevo. "Lograron que el PAMI tuviera dos aviones sanitarios parados permanentemente en Ezeiza.

Los usaba él o algún funcionario del PAMI", asegura. En el 2003, según afirma el Gobierno, Juliá hizo aportes a la campaña de Barrionuevo en Catamarca. El sindicalista admite que voló durante mucho tiempo con los Juliá, pero dice que dejó de hacerlo hace cuatro años porque le resultaba "caro". Barrionuevo habla con afecto de "Piluso" y no cree que tenga responsabilidad: "Lo habrá cagado el hermano", suelta.

Según Clarín, hasta Néstor Kirchner usó el Lear Jeat 25, matrícula LV-SZS, de Medical Jet, para hacer su campaña presidencial en el 2003.

Enseguida, el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, se encargó de desmentirlo con la vehemencia que aún lo caracteriza, pero no logró mucho.

Su palabra hoy no aparece entre las más cotizadas del Gobierno.