Esta semana el 85% del país pasó del aislamiento al distanciamiento social e, incluso en el área metropolitana, varios comercios e industrias retomaron las actividades tras más de dos meses y medio de cuarentena

En ese contexto, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicó un informe con recomendaciones para iniciar el proceso de desconfinamiento, algo que, según la entidad, es la “decisión política más trascendente que deberán tomar los gobiernos de la región próximamente”, mientras se sigue luchando contra el avance del coronavirus. 

En esta primera entrega, se hará un repaso de los consejos que apuntan al ámbito laboral y que incluyen desde incentivos al teletrabajo, hasta la adecuación del sistema de transporte para evitar aglomeraciones.

Volar sin instrumentos

El Banco inicia su análisis reconociendo que “hay indicios” sobre el “impacto positivo” de las cuarentenas “en la reducción de la incidencia de los casos registrados de covid-19 y en la mortalidad”. 

Es que, aun con sus diferencias, los aislamientos dispuestos por los países de la región redujeron la circulación de personas, hasta un 80% en algunos casos, lo que limitó en parte la propagación del virus. 

Según el BID se pueden perder hasta 17 millones de empleos formales en la región

El problema es que “los efectos (de la cuarentena) en las economías del mundo ya se sienten de manera intensa”, dice el informe y añade que, según las estimaciones del propio BID, la pandemia “puede generar una pérdida de hasta 17 millones de empleos formales en la región”.

Por eso, y a medida que pasa el tiempo, “gana relevancia la pregunta de cuándo y cómo relajar las medidas de confinamiento”, aporta el texto. 

“Salir de la cuarentena puede tener un elevado costo en contagios y muertes si, al mismo tiempo, no se expanden sustancialmente las herramientas con las que se enfrenta a la enfermedad”, advierte el informe y, a la vez, concede que “permanecer” en aislamiento “implica costos económicos muy importantes que, además, recaen de manera particularmente severa sobre las poblaciones más vulnerables”.

Como ejemplo de esto último, el Banco detalla que, de cada 10 personas que antes de la cuarentena tenían ingresos por debajo de medio salario mínimo, seis dijeron que algún miembro del hogar perdió su empleo durante la pandemia y "el 43% de los que tenían negocios reportan haberlos cerrado”.

En cambio, entre los que perciben más de seis salarios mínimos, el 15% reportó pérdidas de empleo y el 21% el cierre de negocios.

“Por ello, las decisiones de salida representan un duro equilibrio entre proteger la vida y cuidar los medios de subsistencia”, concluye la investigación. 

¿En qué contexto los Gobiernos deben buscar ese equilibrio? La entidad considera que el denominador común del momento es la “incertidumbre”

Es que, entre las pocas cosas que sí se saben del Covid-19, se destacan que es “muy contagioso y que es mucho más grave para los adultos mayores”. Resumiendo: “La mortalidad entre los infectados de entre 70 y 79 años es 30 veces mayor que la correspondiente a los enfermos de entre 40 y 49 años que, a su vez, es casi 30 veces mayor que la de niños y jóvenes”.

No obstante, la propia estructura demográfica de esta parte del mundo podría constituir una ventaja comparativa a la hora de flexibilizar el aislamiento. Es que “la proporción de adultos mayores en América Latina y el Caribe es la mitad que en los países desarrollados”, afirma el BID, y eso invitaría a pensar que “tanto las muertes como las hospitalizaciones serían mucho menores” en la región y, por lo tanto, “el costo asociado a salir de la cuarentena también sería menor”.  

Sin embargo, “lo que no se sabe es en qué medida una reapertura dará lugar a una recuperación rápida del empleo o del PBI”, y también se desconoce “el grado de inmunidad comunitaria que desarrollaron los países” en función de la cantidad de casos detectados. 

Y, si a esto se le suma la “escasez de pruebas diagnósticas y serológicas confiables”, se concluye que, “en temas epidemiológicos, los Gobiernos regionales estarán volando casi sin instrumentos” cuando decidan sus respectivas aperturas. 

Paciencia vs. fatiga

Otro elemento ponderado por el BID tiene que ver con la disponibilidad de recursos de la región para enfrentar el parate económico, en comparación con los llamados “países desarrollados”, en este caso, agrupados en la OCDE

“En este contexto -observa el informe-, las presiones para reabrir las economías son fuertes y comprensibles. Si bien en su mayoría las personas aún acatan las decisiones de sus Gobiernos en cuanto a los confinamientos, se advierte lo que se conoce como fatiga de comportamiento”, y completa: “Las personas están perdiendo la paciencia”.  

No obstante, y en medio de las medidas de flexibilización que tomó el Gobierno nacional en algunas zonas, la investigación reconoce que “las propuestas de transición gradual que se observan en países como Argentina se alinean con las buenas prácticas y recomendaciones” que, a grandes rasgos, consisten en proteger al personal de la salud, garantizar la provisión de insumos básicos y la seguridad alimentaria, transportar a las personas manteniendo la distancia social, gestionar la reapertura de los centros educativos y definir los lineamientos para la realización de actividades en los ámbitos laborales.

La continuidad del trabajo

En línea con esas buenas prácticas, el BID enumeró varias recomendaciones que apuntan a “la continuidad de las actividades de manera segura”. 

En primer lugar, el texto habla de “desarrollar planes de teletrabajo por los siguientes tres a seis meses”. Si se tiene en cuenta que el relevamiento fue publicado en mayo, la vigencia del home office se extendería, por lo menos, hasta octubre

Además, se pide “capacitar al personal en el cuidado ante enfermedades infectocontagiosas” y promover el uso de la tecnología para mantener reuniones, coordinar tareas y gestionar archivos”. 

Y, por último, hay una mención al uso de la “ciencia del comportamiento” para “superar profundos sesgos de los ciudadanos que, lamentablemente, se acentúan en situaciones de estrés, cansancio e incertidumbre”. 

Consiste en un abanico de medidas de “diseño conductual” para promover actitudes post-cuarentena. Entre ellas se destaca el incentivo al trabajo remoto mediante el ofrecimiento de beneficios, como “un concurso en el que el premio sea un vale para Netflix, una librería en línea o una donación para la organización benéfica preferida del trabajador”. 

Y también se remarca la necesidad de impulsar “campañas de comunicación masiva en la que el Gobierno y las empresas se comprometan a usar la información para objetivos de salud pública, contrarrestando la idea de que (los datos) pueden utilizarse en contra del individuo”.   

Puertas adentro de las oficinas, el BID recomienda mantener el “distanciamiento preventivo del personal de, al menos, dos metros” y, en caso de contar con un control de presentismo mediante la lectura de huellas digitales, cambiar al sistema de tarjetas, e instalar “señales de lavado o desinfección de manos obligatorios después de las entradas y salidas”. 

Asimismo, la entidad pidió “sostener temperaturas en los espacios de oficina entre 23 y 26 grados, realizar tomas aleatorias de temperatura al personal, obligar al uso permanente de mascarillas en lugares comunes y priorizar el transporte de empleados en vehículos de baja ocupación”. 

Para espacios abiertos, el informe aconseja “rotar el personal, reestructurar turnos y redefinir rutas de entrada, salida y circulación, lavar uniformes y equipos a temperaturas no inferiores a los 60 grados e incentivar los pagos digitales para reducir el contacto con los agentes externos”.