“La corrupción se convirtió en el común denominador que explica por qué la región latinoamericana tiene tanta desigualdad y un crecimiento económico más lento que otras regiones”, sostiene la investigación estadounidense “Corrupción en América Latina: una mirada empírica”, realizada por Stephen D. Morris, de University of South Alabama.

El estudio, basado en percepciones sociales, utiliza los datos del Corruption Perceptions Index (CPI), un índice elaborado por Transparencia Internacional que manifiesta la percepción de la corrupción política dentro de una sociedad. El CPI, exactamente, refleja la opinión de profesionales, empresarios y analistas. De allí surge, por un lado, que Chile exhibe el más bajo nivel de corrupción, debajo de él, Uruguay y Costa Rica, luego Cuba y con una importante distancia sobre estos países se encuentran Brasil y Argentina. Los países con más elevado nivel de corrupción de la región son Bolivia, Ecuador, Paraguay y Haití.

A diferencia de otros estudios, donde se focaliza el impacto de la corrupción en la economía y en la política, este trabajo se relaciona con causas y consecuencias sobre una amplia serie de factores. El estudio dice que la corrupción tiende a ser más elevada en países de más bajo desarrollo humano, económico y educacional, con derechos políticos limitados y falta de competitividad política, mayor de intervención del estado en la economía, fraccionamiento etno-lingüístico, perdida de independencia judicial y de la libertad de prensa, bajos salarios, bajos niveles de confianza interpersonal y altos niveles de permisividad hacia la corrupción, entre otras.

El estudio identifica una serie de factores económicos, culturales y políticos que influyen sobre el nivel de corrupción de una nación. En primer lugar menciona el nivel de desarrollo y educación, inversamente proporcional al nivel de corrupción de la nación. Se considera como nivel de desarrollo a la manera en que los ciudadanos poseen las herramientas para demandar y exigir una actitud transparente al gobierno. En tanto, la educación, el medio de lucha contra la corrupción, provee valores universales y una ciudadanía más informada para reclamar mayor rendición de cuentas.

Posteriormente, la investigación explica que los factores también pueden ser políticos, dado que los datos demuestran que los países con mayores niveles de competitividad en el plano democrático suelen tener menores niveles de corrupción. Esto se debe a que los ciudadanos en países con instituciones democráticas fuertes suelen tener las herramientas para exigirles transparencia a los políticos.

Un aspecto a tener en cuenta en el plano político, es que sólo funciona en las democracias antiguas. Es decir, democracias que se encuentran consolidadas (con más de 40 años de experiencia democrática), ya que en las nuevas, la corrupción tiende a ser mayor. De este modo el autor señala que la democracia es un factor importante para reducir los niveles de corrupción, pero a largo plazo.

En cuanto a los factores culturales, se hace hincapié en la fragmentación etnolingüística. La investigación demuestra que países con menores niveles de fragmentación étnica tienden a mostrar menores niveles de corrupción. Por ejemplo, Bolivia, Ecuador y Paraguay -tres de los cuatro países más corruptos de América Latina- tienen los niveles de separación étnica más altos de la región.

Por último, el autor indica que las dos variables más significativas de la corrupción son los niveles de desigualdad y de apertura económica o de libertad económica. Ambas son consideradas tanto causa como consecuencia de la corrupción. La desigualdad en la redistribución de la riqueza tiende a fomentar sociedades más corruptas y la corrupción tiende a ser mayor en países donde los grupos más poderosos son quienes controlan la mayor parte de los ingresos.

Dentro de las consecuencias que genera la corrupción, mencionadas en este trabajo, se detalla que en el plano político se encuentra la falta de confianza que la ciudadanía tiene hacia las instituciones gubernamentales, como también hacia la democracia en sí misma.

En cuanto a lo económico, las consecuencias se pueden observar en el ranking crediticio de un país, siendo que cuando hay más corrupción, existe menos predisposición a la inversión y aumentan los flujos de capitales negativos para la nación.

Según el estudio, la inequidad aparece en la superficie para ayudar a explicar los más altos niveles de corrupción en Brasil y México, como así también, en forma contraria, en Uruguay y Costa Rica, dentro de sus respectivos niveles de desarrollo. El alto nivel de las regulaciones administrativas puede resultar un factor de explicación en países como México y Venezuela, y las fragmentaciones etnolingüísticas pueden revelar el mayor nivel de corrupción de países como Paraguay y Ecuador.

No obstante, existen pocos factores que pueden explicar el alto nivel de corrupción registrado en Argentina, dado que con variables de medición (de desarrollo, nivel de inequidad y fragmentación etnolingüística como así también el nivel de regulaciones administrativas) similares a Chile, aparece nuestro país con niveles de corrupción mucho más elevados.

Índice de Percepción de Corrupción para América Latina