Para el año 2009 la Ciudad de Buenos Aires pretendía llevar adelante una serie de obras destinadas a ampliar la red de subterráneos, con más vías, estaciones, señalamientos y hasta talleres. Pero, por falta de fondos, esos trabajos se paralizaron durante aquel período en el que, entre otras cosas, hubo elecciones. Cuando el Ejecutivo porteño renegoció los contratos, ya en 2010, debió asumir una adecuación de los costos de casi $ 50 millones por encima de los montos previstos.

El dato surge de un informe de la Auditoría General porteña (AGCBA) aprobado este año, en el que se señala la “deficiencia en la planificación” de los proyectos que encaró la empresa Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado (SBASE). Es que el organismo de control detectó “sucesivas suscripciones de Actas Acuerdo que, en primera instancia, paralizaron las obras, y luego ampliaron los plazos de ejecución. Todas estas readecuaciones -concluye la investigación- implicaron mayores costos durante el período auditado”.

En la Línea H, por ejemplo -que une Corrientes y Caseros-, se planeó construir durante 2009 dos estaciones, Hospitales y Parque Patricios, más un túnel entre ambas, de unos 1.211 metros.

Cuenta la AGCBA que esta obra “estuvo paralizada entre marzo y diciembre de 2009 en virtud de restricciones presupuestarias”. En mayo de 2010, SBASE firmó un Acta Acuerdo con la contratista para reiniciar los trabajos, por lo que el Estado porteño se comprometió a abonar “sumas adicionales por un total de $ 10.590.311”.   

Paralelamente, había una obra complementaria de la misma Línea que también se frenó por falta de fondos. Se trataba de la “construcción de las Instalaciones de Centros de Potencia y Tracción para la estación Corrientes”, paralizada entre febrero y julio de 2009. En este sentido, detectó la Auditoría que SBASE le solicitó a la contratista el envío de una propuesta para readecuar el contrato; es que “en virtud de las restricciones presupuestarias dispuestas (por el Gobierno de la Ciudad) no disponía de fondos para comenzar la ejecución de los trabajos”. Conclusión: por ampliar los plazos previstos, se le adicionó al valor del contrato unos $ 680.437.

Las readecuaciones de contratos para las obras de la Línea H le costaron a la Ciudad $ 11.270.748 más de lo previsto, lo que representa un incremento del 5% sobre el monto del contrato original.

Por otra parte, para la Línea B la idea era construir la cochera-taller Villa Urquiza, una Subestación Rectificadora y proveer vías. Esta obra, prevista para 2009, fue reprogramada y se reinició al año siguiente mediante un Acta Acuerdo en el que Subterráneos de Buenos Aires le reconoce a la contratista costos adicionales equivalentes al 4% del contrato original, con lo que se terminó pagando $ 9.584.187 de más.

La Auditoría porteña destacó dos aspectos de los trabajos que estaban previstos para la Línea A de subte. En primer lugar, como ocurrió con los otros ramales, en este caso también hubo paralización de trabajos por “restricciones presupuestarias” que, al volver a comenzar, le costaron más dinero al erario porteño.

Se trató de la construcción de la cochera-taller Nazca, un túnel de 972 metros bajo la Avenida Rivadavia entre las calles Argerich y Bahía Blanca, y la realización de de la subestación rectificadora Plaza Flores, debajo de la calle Artigas (entre Yerbal y Rivadavia), un proyecto que incluía celdas, tableros, transformadores y sala de ventilación mecánica.

Según la AGCBA, para superar la restricción presupuestara aducida en 2009 por el Ejecutivo porteño, SBASE firmó un Acta Acuerdo con la contratista DYCASA en el que se disponía el reinicio de las obras para 2010 y un reconocimiento de nuevos costos. Eso le implicó a la Ciudad un incremento de $ 23.233.783, el 10% del convenio original.

La cosa no quedó ahí. La Auditoría añade que se aplicó el mismo mecanismo en el proyecto de construcción de un sistema de señalamiento que fue dividido en dos etapas; uno para las estaciones Puán y Carabobo, y el otro para las estaciones Flores, Nazca y la Cochera Nazca. En este caso también se apeló a la falta de fondos y las obras fueron reprogramadas; así, SBASE reconoció a la empresa “costos adicionales por mayor permanencia en obra; gastos extras por almacenamiento y energía, vigilancia, acopio de materiales; mayores erogaciones en concepto de mantenimiento de pólizas, garantías, retenciones de fondo de reparo y seguros. El conjunto de gastos extras implicó un incremento de $ 5.252.703, un 17% del total original”, dice el informe de la AGCBA.

En definitiva, por las readecuaciones de las obras de ampliación pensadas para la Línea A, la Ciudad debió desembolsar $ 28.486.487,28 por encima de los montos previstos.

Y en total, sumando las reprogramaciones de obras de todas las líneas, el Ejecutivo porteño tuvo que pagar $ 49.341.422 más que los cálculos originales por pasar los trabajos de 2009 a 2010.

Pero la Auditoría porteña no sólo señaló la “deficiencia en la planificación” de las obras encaradas por SBASE, sino que también destacó una “falta de coordinación” en los trabajos ejecutados.

Esta observación también tiene que ver con la Línea A. Es que, mediante otra firma de un Acta Acuerdo, se pautó la construcción de las estaciones San José de Flores y San Pedrito que debían estar listas en julio de 2011. Pero esta readecuación se hizo “sin articular la adquisición de la flota ferroviaria necesaria (vagones) para poner en servicio las estaciones” en el plazo previsto.

¿Qué significa esto? Los auditores visitaron el ramal que sale de Plaza de Mayo el 9 de octubre del año pasado y notaron que, efectivamente, ambas estaciones -San José de Flores y San Pedrito- estaban terminadas, pero afirmaron que “si las habilitaran con la flota existente, disminuiría sustancialmente la frecuencia del servicio”. De hecho, esto fue reconocido por el propio Director de Obra de la Línea A, quien manifestó -al momento de la visita de la AGCBA-, que ”las dos estaciones no están operativas por la falta de coches”.