En el informe “Mercado laboral argentino, caracterización de la Población Económicamente Activa (PEA), 2007-2021” elaborado por Fundación Éforo, se ofrece un panorama general sobre la situación actual del mundo del trabajo. Allí se brindan datos sobre la composición de la población argentina y su vinculación con el trabajo.

Utilizando datos de la Encuesta Permanente de Hogar (EPH), que corresponde a los 31 aglomerados urbanos más grandes del país (que representan un 70% de la población total argentina de acuerdo a proyecciones del INDEC), identificamos una población total de aproximadamente 29 millones de personas. A partir de este número vamos a ir recorriendo las distintas categorías que componen al mundo laboral.

La primera división que podemos efectuar es entre aquellos que pueden firmar un contrato de trabajo (a partir de los 16 años y por debajo de las edades de jubilación, que, en general, son de 60 años para las mujeres y de 65 años para los varones), y los que están por fuera del dicho conjunto. Por lo tanto, separamos a la población total en: Población en edad de trabajar y Población fuera de la edad de trabajar, que respectivamente representan el 61.7% y el 38.3%.

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Trabajo según género

Del informe se desprende un panorama general de la población y su relación con el mundo laboral. Del total indicado más arriba, 12.1 millones de personas están efectivamente ocupadas. La desocupación alcanzó 1.2 millones de personas y la inactividad trepó al 53,7%, de los cuales el 17,6% está en edad de trabajar. Además, del análisis realizado sobre la EPH, surge que aproximadamente 606.190 personas, pertenecientes a la Población fuera de la Edad teórica de trabajar, están ocupadas en algún tipo de empleo, de los cuales 16.796 son varones y mujeres menores de 16 años.

MIentras que los sectores de ocupación con mayor nivel de formalidad se encuentran para las mujeres en los rubros educación, salud, servicios personales, en administración pública y defensa, concentrando casi el 59%; en el caso de los varones son las actividades de comercio, educación, salud, servicios personales, administración pública,  defensa, bancos, finanzas, seguros y servicios profesionales, los de mayor formalidad.

En el caso de las mujeres, se observa un alto nivel de subocupación que se incrementa en los casos en que vive en un hogar biparental.

Para el caso particular de las mujeres, se observa un alto nivel de subocupación, que se incrementa en los casos en que vive en un hogar biparental. Por lo contrario, son los hogares de tipo unipersonales (personas que viven solas) las que presentan los mayores valores de ocupación de tiempo completo en trabajos formales (el 65% de los hombres y el 52% de las mujeres). Las probabilidades de que la mujer ocupe un puesto de trabajo informal son aún mayores cuando tiene niños/as, siendo los años de mayor fecundidad (entre los 25 y 35 años) donde se verifican los mayores  niveles de inactividad en las mujeres. 

Si comparamos los niveles de ingreso respecto al Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM), el 38% de las personas ocupadas en empleos informales perciben un ingreso inferior al SMVM. En el caso del sector formal, el 7% de personas formalizadas perciben un ingreso por debajo del SMVM. 

Educación y empleo

Al interior del universo de desempleados vemos que un 52%  son hombres y 48% mujeres A su vez, los niveles más altos de desempleo se registran entre los 40 y 54 años, siendo mayor aún para las mujeres que para los varones. En el caso de los varones, hay más desempleados con niveles educativos de rango inferior al universitario. Y en el caso de las mujeres, si bien se presenta una dinámica similar, es mayor la proporción de desocupadas que se encuentran cursando estudios universitarios.

De lo anterior se comprueba que, a lo largo del país, existe una relación positiva entre la ocupación y el grado de educación. 5 de cada 10 personas ocupadas en trabajos formales tiene por lo menos secundario completo. De modo que, a mayor nivel educativo alcanzado, mayor posibilidad de conseguir un trabajo formal. Formación y capacitación continua a lo largo de la vida mejoran las condiciones de permanencia como de acceso al sector formal de la economía. 

Efectos de la pandemia

Todo este panorama del mundo laboral se vio profundamente afectado a partir de 2020. Y entre algunos de los efectos desplegados por la COVID-19 en la realidad del mundo del trabajo podemos destacar: la contracción mayor de los puestos de trabajos informales respecto a los formales, el aumento del desempleo, la precarización laboral, caída de los salarios, segmentación de los ingresos al interior de las ramas productivas y la profundización de las brechas de género. Esto se afirma, en particular, en la situación desigual de inserción, permanencia y/o salida del mundo laboral, donde fueron las mujeres y los jóvenes los más perjudicados por la pandemia.

Al momento de abordar la situación post pandemia del mundo del trabajo se comprueba una recomposición de los niveles de empleo, aunque esencialmente asociados a la generación de trabajo informal. Lo cual confirma e intensifica la tendencia histórica sostenida en el informe de que desde 2012 no hubo creación de trabajo registrado formal sino que, por el contrario, aumentó la proporción de trabajadores independientes y asalariados informales. Y que, a su vez, se relaciona con que la caída del desempleo registrada entre 2007-2011 no se tradujo totalmente en un traspaso al empleo formal, sino que también se explica a través del incremento de la informalidad y de la inactividad.

Para profundizar aún más en el tema y porque analizar la realidad es también participar, desde Fundación Éforo te invitamos a conocer los informes técnicos y ciudadanos disponibles en nuestro sitio web.  

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