Frente a un contexto de “cambios turbulentos” en el ámbito laboral, con la cuarta revolución industrial como telón de fondo, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) propuso un programa “centrado en las personas” que permita, no solo mitigar el impacto de las transiciones, sino usar el peso de estos mismos procesos para lograr un mundo menos desigual y excluyente.

La iniciativa aparece en un informe elaborado por la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo de la OIT, que se titula Trabajar para un futuro más prometedor, y que fue presentado el año pasado, durante el encuentro en el que la entidad celebró su primer centenario de existencia.

El programa “se asienta en tres ejes de actuación que, combinados entre sí, generarían crecimiento, igualdad y sostenibilidad para las generaciones presentes y futuras”, dice el texto. 

La entidad propone una garantía laboral universal, con salarios dignos y protección social

En el primero, la OIT propone “aumentar la inversión en las capacidades de las personas”. Este apartado incluye propiciar el “derecho a un aprendizaje a lo largo de la vida, que permita adquirir competencias y reciclarse profesionalmente”.

Para la entidad, el desafío no solo atañe a los gobiernos, empleadores y trabajadores, sino que también alcanza a las instituciones educativas para que, juntos, conformen un “ecosistema de aprendizaje que sea efectivo y que cuente con la financiación adecuada”

Por otra parte, el informe llama a “apoyar a las personas a lo largo de las transiciones que entraña el futuro del trabajo”. Esto es, por un lado, impulsar acciones que “ayuden” a los jóvenes a “navegar por las cada vez mayores dificultades que supone (el paso) de la escuela al trabajo” y, por el otro, “aumentar las posibilidades de los trabajadores de edad avanzada para que puedan seguir siendo económicamente activos mientras lo deseen”. 

En este ítem también se remarca la necesidad de “aplicar un programa transformador y mensurable para la igualdad de género”. Según la Organización, ese ideal sería alcanzado mediante cuatro metas: promover que hombres y mujeres “compartan la prestación de cuidados no remunerados en el hogar”, aplicar “políticas de transparencia salarial”, adoptar medidas para achicar la brecha tecnológica entre los sexos y “eliminar la violencia y el acoso en el trabajo

Justamente, este último punto volvió a aparecer en la mencionada Conferencia de la OIT de 2019, cuando la entidad aprobó su primer convenio en ocho años, específicamente dedicado a la lucha contra la violencia y el acoso laboral, a expensas de una iniciativa argentina elaborada por la Red de Trabajadores del Control Público, Fiscalización, Recaudación y Justicia, un grupo conformado por la Asociación del Personal de Organismos de Control (APOC), la Asociación de Empleados Fiscales e Ingresos Públicos (AEFIP) y la Unión de Empleados de la Justicia de la Nación (UEJN).

Para completar, el informe alienta a “proporcionar protección social universal desde el nacimiento hasta la vejez”, mediante un esquema sostenido por regímenes contributivos que garanticen mayores niveles de cobertura. 

El segundo eje recomienda “aumentar la inversión en las instituciones del trabajo”, que regulen contratos, convenios colectivos e inspecciones, para “llevar a la reducción de la pobreza laboral”.

El apartado supone el establecimiento de una “garantía laboral universal” mediante la cual “todos los trabajadores, con independencia de su acuerdo contractual o situación, disfruten de derechos fundamentales, un salario vital adecuado, protección en relación con la seguridad y la salud en el trabajo, y límites máximos respecto a las horas de empleo”.

En cuanto al último ítem, la propuesta de la OIT hace referencia al concepto de “soberanía sobre el tiempo”, resumida en la “necesidad” de los trabajadores de contar con una “mayor autonomía” sobre las horas de sus días, “sin dejar de satisfacer las necesidades de la empresa” para la que se desempeñen.

Como se mencionó anteriormente, el contexto en que la entidad enmarca su iniciativa tiene a la tecnología como protagonista insoslayable. Sin embargo, la proclama no muestra una visión apocalíptica del fenómeno. Por el contrario, el texto convoca a “encauzar y administrarla en favor del trabajo decente”, y que se “garantice que las decisiones definitivas sean tomadas por personas”

Asimismo, la OIT también pretende que se “exija a las plataformas digitales de trabajo que “respeten derechos y protecciones mínimas” a quienes se desempeñen en ellas. 

El tercer y último eje apunta a incrementar la inversión en el “trabajo decente y sostenible”, en línea con el Objetivo de Desarrollo Sustentable número 8 de la Agenda 2030 de Naciones Unidas. 

El apartado hace hincapié en incentivar áreas clave de la economía, como el ámbito rural, “del cual depende el futuro de muchos de los trabajadores del mundo”.

Además, convoca a “orientar la inversión hacia infraestructuras materiales y digitales de alta calidad para reducir la brecha” entre el campo y las ciudades, “y apoyar la creación de servicios públicos de valor elevado”. 

Por último, proponen “remodelar las estructuras de incentivos empresariales en pro de estrategias de inversión a largo plazo”, y cambiar las formas de medir el desarrollo humano, bajo la certeza de que índices como el PBI, por ejemplo, no terminan de dar cuenta de las dimensiones distributivas del crecimiento, del valor del trabajo no remunerado ni de las “externalidades de la actividad económica”, en referencia a la degradación medioambiental que provoca la relación extractivista entre la humanidad y el planeta. 

Datos

En su informe, la entidad también expone varios datos que sirven para enmarcar y poner en valor sus propuestas.

En este contexto, la Organización Internacional del Trabajo impulsa la “adopción de medidas enérgicas” que, en caso de no ser tomadas, dirigirán a las sociedades a un mundo en el que “se ahondarán las desigualdades e incertidumbres existentes”.

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