Nueve de cada diez familias de la Argentina se encuentran endeudadas. El promedio adeudado por cada una de ellas es de $150.000. Los datos surgen de un informe de la consultora CERX y corresponden a mayo del 2020. Este panorama resulta preocupante para las economías familiares tanto por el contexto actual de pandemia por el Covid-19 como por la crisis económica que dicha pandemia profundizó pero que tiene sus orígenes unos años antes. Sin embargo, dentro de las causas un componente que nunca se analiza es el grado de educación e inclusión financiera que tienen sus integrantes. Pero ¿qué son estos conceptos?

La educación financiera implica adquirir conocimientos, hábitos y comportamientos que mejoren el manejo y la administración del dinero que tenemos. Ayuda a tomar mejores decisiones con el objetivo de lograr un bienestar económico y financiero individual o familiar. Por su parte, la inclusión financiera es el proceso por el cual las personas logran acceder a distintos servicios y productos financieros. Ambos están profundamente relacionados.

Entonces, partiendo de estas nociones, podemos ver no solo cuán endeudadas están las familias y si esa deuda es sostenible o no, sino también, si tienen acceso a distintos productos financieros para hacerlo y si saben cuál elegir en base a lo que más les convenga en ese momento de su vida en particular. No es lo mismo adquirir una deuda con una tarjeta de crédito comprando un producto bajo la modalidad de cuotas sin interés, que tener que recurrir a una empresa no bancaria que da préstamos con tasas muy por encima de las del mercado.

También permite ver si una familia es consciente de cuánto gana y en qué gasta, si hace un presupuesto mensual, si le da seguimiento y procura cumplirlo, si tiene capacidad de ahorro o no, y en caso de que la tenga qué hace con esos ahorros, entre muchas otras cosas.

Por todo esto, resulta de gran importancia crear los mecanismos para difundir y masificar la educación financiera para toda la población como así también garantizar el acceso a los diversos servicios y productos financieros.


Situación de la Argentina: Algunos datos

Nuestro país tiene un camino muy largo que recorrer en este sentido. Algunos datos que lo demuestran surgen de la encuesta de medición de capacidades financieras realizada en 2017 por el BCRA y la CAF. Por ejemplo, el 43% de los hogares no realiza un presupuesto, y del 55% que sí, apenas un 19% hace un cálculo minucioso de sus ingresos y gastos. Por otro lado, solo tres de cada diez personas declara haber ahorrado en los últimos 12 meses, un valor muy bajo si se lo compara con otros países, y si bien el relevamiento es de 2017, todo indicaría que actualmente se mantiene en los mismos valores o incluso más bajos provocado por la crisis económica iniciada en 2018 y que continua hasta hoy.

A su vez, como se ve en el siguiente gráfico, entre quienes declararon haber ahorrado en los últimos 12 meses, la mayoría utiliza métodos que no contemplan la pérdida del poder adquisitivo del dinero debido a los niveles inflacionarios que tiene la Argentina.

 

Fuente: Encuesta de Capacidades Financieras en la Argentina – Año 2017 – CAF y BCRA 
Fuente: Encuesta de Capacidades Financieras en la Argentina – Año 2017 – CAF y BCRA 

 

Por otra parte, en cuanto a conocimiento de productos financieros, solo ocho son conocidos por más del 50% de la población: las tarjetas de crédito y débito, depósitos en caja de ahorro y cuenta corriente, préstamos personales y los plazos fijos ¿Cuántos de estos productos financieros conoces? ¿Cuáles usaste alguna vez?

 

Fuente: Encuesta de Capacidades Financieras en la Argentina – Año 2017 – CAF y BCRA 
Fuente: Encuesta de Capacidades Financieras en la Argentina – Año 2017 – CAF y BCRA 

 

Finanzas y Tecnología

Tema aparte es la cuestión tecnológica. Como en cualquier ámbito o aspecto de nuestras vidas, ya sea a nivel laboral, social, económico, cultural; la tecnología adquiere cada vez más un rol central.

Con respecto a la educación e inclusión financiera, el manejo y el acceso a la tecnología (Internet, computadora o celular) resulta fundamental. Y más aún en este contexto de pandemia. Los problemas del cobro de jubilaciones ocurridos el 3 de abril no hubieran existido si una de las formas más habituales de cobro para los jubilados sería usando la tarjeta de débito en vez de la ventanilla.

A su vez, el pago con tarjeta de débito reduce el uso de billetes que circulan de mano en mano. Incluso existen formas de pago como las billeteras virtuales (como Mercado Pago, Ualá, Pim, TodoPago por mencionar algunas) que con una foto desde el celular se puede abonar las compras que se realizan, evitando cualquier tipo de contacto físico y respetando la distancia social.

Por otro lado, es fundamental reducir la cantidad de personas que van a su sucursal bancaria promoviendo el uso del Home Banking, a través del cual se pueden hacer la mayoría de las operaciones con un simple click como una transferencia, el pago de servicios e impuestos, la compra y venta de moneda extranjera como también realizar inversiones, entre otras.

En definitiva, no puede pensarse la educación financiera sin incorporar las herramientas tecnológicas existentes.

A modo de conclusión, el objetivo debe ser promover la educación financiera en los ámbitos educativos formales para que estos aprendizajes empiecen a temprana edad. No obstante, se hace necesario fomentarla entre aquellos que ya terminaron sus estudios primarios y/o secundarios, en donde cobran roles importantes no solo el Estado, sino también las empresas, los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil.