Mafalda cumple 56 años. En 1964 Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino, publicó por primera vez en la revista Primera Plana la historieta que recorrió el mundo con su humor y sus amigos. Hoy está traducida en más de 26 idiomas. “Se salió del marco para ser percibida, sentida e imaginada como un personaje de papel y tinta que se volvía de carne y hueso”, reflexionó Isabella Cosse, historiadora, escritora y autora del libro “Mafalda: historia social y política”, publicado en 2014 y recientemente editado en inglés por Duke University Press. Un texto que recorre las diferentes capas de la historieta y de la época en la que surgió. 

Leída por todas las generaciones, el éxito de Mafalda es sorprendente. “Perduró porque se resignificó. La historieta trabaja cuestiones emergentes de aquellos años '60, pero también temas universales como la oposición al autoritarismo, la empatía con los débiles, la amistad de un grupo de amigos, la diferencia entre los desafíos de los jóvenes con los de sus padres. Todos estos temas se fueron actualizando gracias a sujetos concretos; como las editoriales, los periodistas, las exposiciones; y, por supuesto, el propio Quino y los lectores, las nuevas generaciones y las instituciones, como la escuela en la que se utiliza dentro y fuera de Argentina. Incluso, mi libro es parte de esas re-significaciones”, explicó Cosse, quien es investigadora de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y profesora del Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).

"Mafalda permite entender diferentes fenómenos como la identidad de la clase media, la polarización política y la restauración democrática"

Cuando realizaba su tesis doctoral, Cosse se topó con Mafalda como tema de estudio. “Escribí un análisis corto. Sabía que le debía más atención. Esa primera aproximación me había mostrado la entidad del personaje y la centralidad para comprender diferentes fenómenos de la historia argentina”, recordó Cosse. La autora había leído Mafalda en su infancia, sí, pero su primer recuerdo es el afiche del bastón de abollar ideologías. "Yo vivía en Uruguay y mis tíos lo trajeron desde Buenos Aires en los 70. Es muy decisivo de ese momento, ya que cristaliza una posición anti-dictatorial, que unía a grupos muy diversos políticos y sociales”, agregó.

Por aquellos años se gestaban golpes de Estado en toda América Latina. En Argentina, el del 1976 fue antecedido por el crescendo represivo durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón, que trajo consigo uno de los períodos más oscuros de nuestra democracia. En la madrugada del 4 de julio de 1976 un grupo de tareas de la dictadura militar entró en la Parroquia San Patricio en el barrio Belgrano, en la Capital Federal, y fusiló por la espalda a tres sacerdotes y dos seminaristas, dejando sobre uno de ellos el famoso afiche de Mafalda del bastón de abollar ideologías. El hecho fue conocido como Masacre de los Palotinos y expresa, en palabras de Cosse, “que la dictadura intentó usar el humor de sus víctimas, para hacer una broma macabra: mostrar el poder de la represión, no de abollar ideologías, sino de matar con impunidad”.

 

“Pasé mucho tiempo mirando el legajo de la propia causa y dándome cuenta de que el afiche estaba colocado sobre el cuerpo de aquel seminarista que era el que más conexión tenía con la historieta. Salvador Barbeito la mencionaba con frecuencia. Lo pude saber por entrevistas que realicé. Esa escena velada, porque el asesinato sigue hoy sin ser resuelto, nos habla de la impregnación y del carácter realmente inhumano del terrorismo de Estado, de la violencia perpetrada en muchos sentidos, incluso simbólica”, comentó Cosse.

“Ese afiche tuvo en mi investigación mucha importancia porque me permitió comprender distintas cuestiones. Entre ellas el modo en que la represión y el terrorismo de Estado operó sobre el humor de lo que concebían el enemigo subversivo”, continuó la historiadora. En 1976, Quino se autoexilió, pero Mafalda siguió circulando. “Nuevas generaciones comenzaron a leerla con sentidos que reponían sensibilidades, los contextos previos al golpe como parte de una resistencia a la dictadura, con una significación antiautoritaria”, sumó.

En ese tiempo, Mafalda adquiere una gran popularidad en otros países. El recorrido comenzó en 1968 cuando se publicó en Italia, en 1970 en España y en 1976 en México. Siguiendo a Cosse, “ahí emergió de forma global. Aunque suene paradójico, para entonces Quino había dejado de producir nuevos contenidos y eso permitió hacer nuevos recortes, resignificarla. Puso freno a las discusiones en torno al sentido social y político de Mafalda, que fueron de alto voltaje a medida que el país atravesaba una profunda polarización política: para algunos era vista como una pequeña burguesa moderada y para otros una subversiva”. Recordó la historiadora que, sintomáticamente, cinco días después de la Masacre de Ezeiza, el 25 de junio de 1973, Quino dejó de publicar nuevas historietas de Mafalda. Pero sin embargo ese no significó su final.

 

Para entender la historia argentina, el humor de Mafalda se vuelve fundamental. Para Cosse, permite entender diferentes fenómenos como la identidad de la clase media, la polarización política y la restauración democrática. "El humor es una fuente extremadamente rica para la historia, en mi caso, lo que me interesó es pensar la interpelación social del humor. Es decir, el modo en que activa sentidos por los sujetos a los que está destinado. Presupone códigos compartidos que requieren la complicidad de quien participa (escucha, lee, observa) y produce el humor en sí mismo. Por eso, es una inmejorable manera de pensar el modo de procesar socialmente lo incongruente, lo difícil, lo prohibido, como descubrió Freud. Y esto lo convierte en un registro de especial valor para estudiar el enlace entre lo subjetivo y lo social”.

"Solo entendiendo nuestra historia y lo que somos, es posible pensarnos a futuro", destaca Cosse

La investigadora explica que en Mafalda la ironía es un vector decisivo, porque permite procesar la distancia entre lo deseable y lo real con diferentes estrategias. Por ejemplo, Quino juega con la madurez de los pensamientos de Mafalda y sus amigos y, a la vez, con su condición de niña. También opera con la erosión de la división de lo público y lo privado, entre lo político y lo doméstico. La pone hablando de la bomba atómica, de la supuesta amenaza china en el medio de los hogares, como expresión de la capacidad de los niños de conmocionar a sus padres. Es decir, insertaba lo político en la vida cotidiana, lo que era muy potente en ese momento.

Mafalda y el feminismo

“Fue un símbolo pionero del nuevo lugar que las generaciones de niños y jóvenes de los años '60 y '70 querían para sí mismos. Representaba el carácter disruptivo, emergente, de una nueva generación de chicas y mujeres que querían la igualdad de condiciones, la realización en el campo profesional, en lo intelectual, un conjunto de aspiraciones a una vida amplia y de ningún modo acotada al mundo doméstico y al matrimonio. La oposición de Mafalda y Susanita fue muy interesante para consolidar identidades. Es sorprendente el enorme significado social y emocional de la historieta en la actualidad, la capacidad de este símbolo de ser apropiado por distintas luchas”, aseveró Cosse.

Más de cincuenta años después, la historieta de Quino, quien falleció el 30 de septiembre, sigue vigente. Mafalda: historia social y política acaba de ser traducido y publicado al inglés en una nueva edición revisada (Mafalda: a Social and Political History of Latin America's Global Comic, Duke University Press, 2020). Para finalizar, Cosse señaló: “si pude hacer este estudio es gracias a mi condición de investigadora del CONICET. Quiero resaltar la importancia social y cultural de la investigación en ciencias sociales y humanidades. Solo entendiendo nuestra historia y lo que somos, es posible pensarnos a futuro”.