Que el tránsito congestionado es un problema en la Capital Federal no es novedad. Pero la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires (AGCBA) agregó una arista más a la cuestión: si no hay lugar para estacionar, no se puede controlar el estado de los desagües pluviales, dato que toma relevancia si se tiene en cuenta el alerta meteorológico por tormentas que vivieron los porteños esta semana.

El organismo de control elaboró un informe en el que se señala que la verificación de los sumideros se realiza de forma “ineficaz”. Es que, para cada zona, la Dirección del Sistema Pluvial (DGSPLU) asigna solamente un inspector, quien además, sale solo en su auto: “Esto dificulta las tareas, atento a lo muy dificultoso que se hace detener y estacionar el móvil en las calles muy congestionadas de la Ciudad”, redunda el trabajo, aprobado a finales del año pasado sobre datos de 2010. Ya en su informe aprobado en 2009, sobre ésta misma cuestión, el organismo de control había detectado “episodios en los que las grúas de tránsito, que trabajan al servicio del Gobierno de la Ciudad, se llevaron los móviles”.

Pero esa no es la única limitación. Añade la AGCBA: “El verificador, al momento de realizar el recorrido, no posee en el plano -ni en el listado provisto por la Dirección- la totalidad de los sumideros existentes en el itinerario a relevar, debiendo detectarlos por sí mismo”. Para completar el cuadro, los auditores acompañaron a los inspectores en sus viajes y descubrieron “nuevos” desagües que no figuraban en los planos ni en los listados de la Dirección.

¿Cómo el área encargada del Sistema Pluvial, que depende del Ministerio de Ambiente y Espacio Público, desconoce la existencia de sumideros? Estas nuevas bocas de tormenta son construidas y “no informadas por la Dirección General de Obras de Ingeniería”, lo que llevó a la Auditoría a concluir que “la coordinación de la DGSPLU con otras dependencias administrativas del Gobierno de la Ciudad es inadecuada”.

Puertas adentro, la Dirección afronta otros asuntos. A la congestión del tránsito se agrega una “falencia normativa”: no existe en la Ciudad la prohibición de estacionar sobre sumideros. Durante sus recorridas con los inspectores, el equipo de la AGCBA observó “reiteradamente la imposibilidad de realizar las tareas de desobstrucción y limpieza”, porque había autos estacionados justo en los desagües. Ante estos casos, la DGSPLU tiene “insuficientes potestades de poder de policía”, porque “no puede remover el vehículo ni apercibir al conductor”. Lo que sí está en condiciones de hacer la dependencia porteña es “labrar actas de infracción y clausurar preventivamente” los establecimientos que vuelquen cemento sobre las bocas de tormenta, aunque no dispone de la misma atribución en el caso de otrassustancias extrañas”.

Por otra parte, el organismo de control destacó la “ineficiencia de la Dirección en hacer cumplir a las empresas contratistas las tareas de mantenimiento” de los desagües. En este sentido, la investigación enumera lo observado en las calles de la Ciudad: “29 sumideros con 30% de suciedad; 18 con 60%; 6 con 90%; 3 anegados y 5 con las rejas rotas”. Según la Auditoría, “varias de estas anomalías fueron informadas por el verificador de la DGSPLU -por handy- para que (la propia dependencia) notifique a las contratistas; pasados 22 días, dos sumideros seguían en las mismas condiciones”. Un dato más: entre octubre y diciembre de 2010 se realizó la Verificación Final correspondiente a aquel año. En ese análisis se detectó que “el sumidero ubicado frente a (la calle) Gorostiaga 1708 se encontraba anegado”. El equipo auditor pasó por el lugar el 13 de abril de 2011, nada había cambiado.

Pese a este panorama, la AGCBA afirmó que “no se aplicaron penalidades ni sanciones a las contratistas durante 2010”.

Más allá de las tareas de mantenimiento, la “falta de intimación frente a los incumplimientos de las contratistas” también se registra en cuanto a la antigüedad de los equipos, que no puede ser mayor a los 10 años. Dice la Auditoría que, sobre un total de 23 bombas de aspiración chequeados, “10 (el 43,48%) de las unidades destinadas como equipos de aspiración superan los 10 años sin que conste la aprobación de aptitud técnica otorgada por la repartición designada a tal fin por el Gobierno” porteño.

Para conservar el estado de los sumideros se llamó a una Licitación Pública en 2003. Los contratos que resultaron de ese trámite (LP 171/03) entraron en vigencia en junio de 2004, tenían una duración prevista de 48 meses y debían finalizar en mayo de 2008.

¿Cuáles eran las tareas contratadas? Mantenimiento de la red de desagües pluviales, limpieza, desobstrucción, reparación y/o reposición de accesorios en sumideros y nexos, bocas de registro, cámaras de inspección, ramales secundarios, conductos y desembocadura de arroyos.

Pero la Auditoría porteña remarcó la “falta de previsión” para el llamado a una nueva licitación y su correspondiente adjudicación. En el Pliego de Bases y Condiciones original, el de 2003, estaban estipuladas dos prórrogas que se hicieron efectivas, una por cuatro meses (de mayo a septiembre de 2008), y otra por ocho meses, que culminó en mayo de 2010. No obstante, hubo dos prórrogas más, producto de sendas “Actas Acuerdo” firmadas con las contratistas; la primera abarcó el período junio de 2010-enero de 2011, mientras que la segunda se extendió desde febrero hasta abril del año pasado, con la posibilidad de añadir lapsos adicionales de un mes a partir de mayo de 2011 que no debían superar el plazo máximo de cuatro meses.

Al momento del informe de la AGCBA, se estaba tramitando la nueva contratación, mediante la Licitación Pública 2333/10, “habiéndose ya preadjudicado a las empresas ganadoras”, completó el organismo de control.

En rigor, la Auditoría porteña aprobó a fines del año pasado un informe de gestión sobre la labor desempeñada durante 2010 por la Dirección General del Sistema Pluvial, aunque bien podría tratarse de un trabajo de seguimiento de observaciones anteriores. Es que este medio publicó hace casi dos años, el 25 de febrero de 2010, otra nota en base a un informe del mismo organismo de control, que abarcó el ejercicio 2008, en el que se reiteran varios de los hallazgos presentados en esta oportunidad (metodología “ineficaz” para chequear el estado de los desagües; inspectores que recorren la Ciudad sin colaboradores y, al no lograr estacionar sus autos, no pueden fiscalizar sumideros; bocas de tormenta construidas por otras dependencias y que la Dirección en cuestión no tenía registrados, etcétera).

Aquella nota de 2010 da cuenta también de una situación administrativa, por lo menos, curiosa. En un lapso de tres años, entre 2006 y 2008, la DGSPLU cambió de Director en siete oportunidades, y ningún titular se mantuvo en el cargo más de diez meses.