Techos con sustancias cancerígenas en la guardería infantil, instalaciones contra incendios sin agua, un pabellón que llevan siete años sin gas natural, falta de control en medicamentos como el Clonazepam, demoras de 180 días para un turno y dos años para una consulta ginecológica. Esas son solo algunas de las carencias que presenta el Hospital Neuropsiquiátrico Braulio Moyano y que, lamentablemente, ya son clásicas en el sistema de salud público.

Esta alarmante situación, tanto edilicia como atencional, fue informada por la Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires (AGCBA) luego de evaluar la gestión 2011.

 

 


Una de las cuestiones más preocupantes es que muchos pacientes, una vez dados de alta, “vuelven porque no se desarrollaron los dispositivos necesarios para la reinserción social o la derivación en tiempo y forma a fin de garantizar el curso del tratamiento”. En muchos casos “no hay una contención familiar adecuada y existe una precariedad económica”. Estos factores sumados a la falta de instituciones intermedias provocan un alto nivel de reincidencia.

Continuando en el plano atencional, la AGCBA señaló que “un paciente ambulatorio tiene que esperar 90 días para conseguir un turno en consultorios externos, periodo que puede extenderse a los 180 en vacaciones de invierno y de verano por las licencias médicas”.

En el área de ginecología, “los controles tienen una demora de dos años”, pero no pueden incluir ecografías ni mamografías “porque ambos equipos no andan”. Tampoco es posible realizarle a las pacientes ecografías transvaginales ni mamarias “por falta de equipamiento”. Es importante señalar en este punto que el hospital es un neuropsiquiatrico de mujeres con más de mil camas.

En el sector de diagnostico por imágenes se detectó que “falta una computadora con memoria y espacio suficiente para colocar una impresora”. A primera vista esta observación no parece tan grave, salvo que se considere que es la causa de que “todos los documentos se realicen manualmente, al igual que el registro de los trabajos realizados, los informes de las imágenes y las indicaciones para los estudios”.

Los problemas informáticos también afectan a la jefa deInfectología, ya que “como no hay una computadora con conexión a internet ella debe realizar desde su casa las tareas de comunicación con los Ministerios de Salud de la Nación y de la Ciudad”.

En la Farmacia, la AGCBA observó que “no hay controles formales para la guarda de los productos, por lo que hay un cúmulo innecesario de medicamentos en algunos sectores y stock insuficiente en otros”. De hecho, se detectaron “pedidos semanales de medicación repetidos sin verificar la pertinencia del contenido”. Ante ello no fue casual encontrar 481 pastillas vencidas.

Los auditores también encontraron en numerosas oportunidades diferencia entre los pedidos de medicación y los realmente necesarios. Una de las disparidades más llamativa está relacionada con el consumo de Clonazepam: “De las 130 fichas relevadas que habían solicitado esa droga 35 en realidad no la tenían prescripta”.

En el caso de incendio, “no solo hay instalaciones contra el fuego que no tienen agua” sino que la evacuación sería complicada “ya que no hay un plan ni se capacitó al personal en las practicas y roles que deberían cumplir en caso de emergencia”.

 

 

Encima…

Al déficit atencional se suma el edilicio. La AGCBA calificó de “obsoleta” la infraestructura y de “dispar” su mantención.

Entre los problemas observados “en todos los pabellones” se destacan los ventiladores que no funcionan, las filtraciones, la falta de limpieza en todo lo que supera el metro y medio, el deterioro del mobiliario de los pacientes, las baldosas del piso sueltas o despegadas y la falta de protección en las escaleras de emergencia.

Sobre el pabellón Riglos hay una observación que nos hace acordar a otro neuropsiquiátrico: “el servicio no cuenta con gas natural desde hace siete años”. Además, el lugar “está abandonado y semi destruido”.

El pabellón ex Charcot, que está ubicado en el primer piso, “tiene los baños en malas condiciones, las duchas no funcionaban hace ocho meses y generaban pérdidas en el sector de abajo”.

Llueve sobre mojado

Por un recorte en el personal, “los  agentes de seguridad son insuficientes”. Según la Auditoría, “la reducción dejó sin vigilancia los consultorios externos del primer piso, la guardia médica, la salida de emergencias, la farmacia, la morgue, el sector de odontología y el área de mantenimiento”. Pese a contar con 22 pabellones solo hay un agente para hacer la recorrida preventiva.