Publicado: 05-01-2013
 
Pareció un contrasentido que hace poco se desarrollara en Buenos Aires la primera reunión que la Organización Mundial de la Salud (OMS) dedicó al delito de la adulteración de remedios, con representantes de 76 naciones, porque la Argentina es un país que poco y nada hace para combatirlo y en el que fondos provenientes de la llamada mafia de los medicamentos han figurado como aportes para la primera campaña presidencial de Cristina Kirchner.
 
Precisamente, mientras se llevaba a cabo la reunión, la Auditoría General de la Nación (AGN) reveló graves fallas en la Administración Nacional de Medicamentos (Anmat) y cuestionó a este organismo por la falta de inspectores y de controles para impedir el lucrativo y criminal negociado de la falsificación de remedios.
 
En el Programa de la Anmat de Pesquisa de Medicamentos, la AGN encontró, por ejemplo, que sólo hay dos inspectores para cubrir toda la provincia de Buenos Aires. Los auditores descubrieron órdenes de inspección que presentaban infracciones "sin que se adviertan acciones para solucionar la situación". Entre estas situaciones, mencionaron laboratorios que carecen de director médico. Señalaron también que, pese a que en los depósitos del Ministerio de Salud se han hallado medicamentos ilegítimos con envases adulterados, "las inspecciones de pesquisa no se extienden a esos depósitos".
 
Lo más preocupante es que esa investigación de la AGN analizó lo ocurrido entre 2010 y 2011, cuando ya existía una investigación judicial sobre la llamada mafia de los medicamentos y se supone que, en consecuencia, las autoridades tendrían que haber redoblado sus controles. No ocurrió así y esta falencia, como tantas otras faltas de controles por parte de organismos oficiales -en materia, por ejemplo, de lavado de dinero, contrabando y narcotráfico-, alimenta las dudas acerca de si se trata de un enorme e involuntario descontrol o de una actitud deliberada tendiente a proteger estas actividades ilícitas que ponen en riesgo la salud de sanos y enfermos, y lucra a costa de la salud y del dolor de la población.
 
Las investigaciones que se encontraban en marcha cuando la AGN llevó a cabo su auditoría se referían a presuntas irregularidades registradas en la Obra Social de los Choferes de Camiones (Oschoca) y en la Administración de Programas Especiales (APE) del Ministerio de Salud. La maniobra investigada, debido a una denuncia de la ex ministra de Salud Graciela Ocaña, habría consistido en el cobro indebido de reintegros del Estado a esa obra social por la compra de costosos medicamentos destinados al tratamiento de enfermedades graves, como cáncer y VIH. Un peritaje oficial determinó que más de 200 troqueles o comprobantes de ese tipo de medicamentos que la obra social del gremio camionero presentó a la APE para certificar que los había adquirido y entregado a los pacientes, en realidad, eran adulteraciones que permitieron cobrar ilegalmente más de 400.000 pesos. Se trata de una maniobra parecida a la realizada por la obra social de los bancarios, y que derivó en la prisión preventiva del líder de ese gremio, Juan José Zanola, y en la que también se habrían registrado adulteraciones de medicamentos.
 
Dados estos antecedentes, suena a burla que la revista Salud, del Ministerio de Salud, haya titulado la nota sobre la reunión de la OMS "Argentina, en el centro del mundo por control de medicamentos". Debajo del título, el ministerio del cual depende la Anmat señala con descaro que la OMS "en un hecho extraordinario distinguió al país como sede" del encuentro, al tiempo que destacó "el liderazgo regional en materia de regulación de medicamentos" de nuestro país. El único liderazgo por el que podría competir nuestro país en la actualidad en ese campo es el de la falta de controles, como lo prueban los casos mencionados y la reciente auditoría de la AGN.
 
En realidad, nuestras autoridades tendrán que probar que están dispuestas a combatir las mafias de los medicamentos poniendo en práctica algunas de las recomendaciones de la reunión de la OMS, elaboradas por los 200 asistentes. Por ejemplo, la que contempla el mejoramiento de los organismos nacionales reguladores, potenciando su capacidad y el control de calidad de los laboratorios.
 
Mientras tanto, y aunque nos duela, la única cátedra que pueden dictar nuestras autoridades es la de todo lo que no hay que hacer si se quiere combatir uno de los más crueles delitos que existen.