El centro de salud había sido pensado como una escuela de enfermería, pero en la actualidad funciona como un internado para chicos con esquizofrenia, morbilidad adictiva, trastornos afectivos y derivados por la Justicia con conductas delictivas, violación o actos de violencia peligrosos para sí o para terceros.

Las salas de internación del Tobar García pueden albergar 61 niños y jóvenes distribuidos por piso según su sexo. Pero, al momento del trabajo de la AGCBA, había 98 pacientes. Según el organismo de control, la superpoblación se compensa con permisos de salida, pero cuando los internados exceden las plazas disponibles, “se improvisan camas con colchones en el piso que son levantados por la mañana”. Por otro lado, la separación de los pacientes “no tiene en cuenta la diversidad de patologías que coexisten en el mismo espacio físico”, indica el informe.

Ninguno de los cuatro empleados de planta del Departamento de Alimentación controla la recepción de la mercadería porque “no se encuentran en el hospital en el horario de entrega”. Así, los niños entre 6 y 10 años reciben comida con un exceso de hasta el 39 % de kilocalorías, las niñas de 11 a 18 y los varones de 11 a 14, un exceso del 12 %, y los varones entre 15 y 18, un déficit del 12 %. La Auditoría dice que “la porción real” de comida “es de menor gramaje a la tomada de las muestras brindadas por la empresa concesionaria”, y agrega que una dieta de este tipo, con exceso de hidratos de carbono, asociada a la falta de actividad física por la carencia de un espacio para la recreación y una medicación que aumenta el apetito, “predispone a los pacientes a la ganancia de peso”. De un análisis del pliego de concesión, el organismo de control detectó que “no se consideraron las variaciones de calorías de acuerdo al sexo y la edad del paciente, ni se valoró en la programación de los menús la interacción alimento-medicamento”.

Según la AGCBA, 11 de los 98 pacientes están en condiciones de ser dados de alta pero no pueden externarse por razones que les son ajenas. Los chicos llegan a quedarse en las instalaciones del hospital entre 37 y 350 días, lo que, “en ocasiones, resiente su mejoría”. El organismo de control relaciona esta falencia a “la falta de una respuesta adecuada en tiempo y forma por parte de la Justicia de Menores y las Defensorías”. Además, el informe apunta que el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad tiene “recursos limitados para la derivación de los pacientes en hogares terapéuticos” porque el Gobierno porteño “no cuenta con casas propias y las vacantes en hogares conveniados (sic) son pocas, y ni siquiera son exclusivas para la Dirección de la Niñez”. “La ausencia de mecanismos ágiles para la externación lleva implícita la privación de la libertad de los internados”, completa el estudio.

Para las patologías que atiende el Tobar García los enfermeros deberían tener entre 20 y 45 años. Sin embargo, los 60 profesionales del hospital tienen en promedio 50,2 años y, de hecho, 13 ya están en condiciones de jubilarse. Por otra parte, la planta de enfermeros tiene un déficit de 4740 horas que se cubre con la asignación de módulos. La Auditoría dice que “la existencia de profesionales que habitualmente cumplen jornadas dobles de trabajo, redunda en un déficit de calidad en la tarea realizada”. Tal es así que nueve agentes están sancionados o a la espera de una resolución de medidas disciplinarias elevadas por las autoridades.

El organismo de control concluye su informe afirmando que el Tobar García “se encuentra lejos de ser un ámbito físico apropiado para procurar un tratamiento integral de los niños y adolescentes que allí se internan”.