Ricardo Cirielli, el secretario general de APTA, el gremio de los técnicos de Aerolíneas Argentinas y Austral, dio ayer un paso más en su ya abierto enfrentamiento con la conducción de la empresa designada por su ahora adversario Hugo Moyano.

El sindicalista, que a principios de esta semana denunció la falta de inversión de la empresa en mantenimiento, y reveló lo que calificó como «manejos irregulares» en la reparación de la flota de las aéreas reestatizadas, convocó ayer a «miembros de todos los partidos con representación parlamentaria, en especial a los integrantes de la Comisión Bicameral de Seguimiento de las Privatizaciones; juntamente con los medios de comunicación gráficos, orales y audiovisuales, nacionales y extranjeros, para llevar a cabo una recorrida por todas las instalaciones de las Áreas Técnicas de Aerolíneas Argentinas y Austral, en Ezeiza y Aeroparque.»

El propósito de esta recorrida, según el comunicado de APTA distribuido ayer con la firma de Cirielli, será el verificar «la extendida y profunda falta de inversión aeronáutica en bienes de capital, infraestructura técnica y herramientas y la continuidad de la política desarrollada por las anteriores administraciones privadas». Según Cirielli, esas políticas tuvieron como resultado «dejar arrumbados una enorme cantidad de aeronaves y motores en los hangares de la empresa».

El martes, el presidente de Aerolíneas/Austral Mariano Recalde -hijo de Héctor Recalde, abogado de la CGT que capitanea Moyano- había distribuido su propio comunicado refutando las afirmaciones de Cirielli y dando cifras de inversión en mantenimiento, supuestos incrementos en las horas voladas por la flota de las empresas y -insólitamente- admitiendo que el déficit operativo de Aerolíneas fue en diciembre de casi u$s 30 millones, felicitándose por haberlo reducido de los u$s 70 millones que se registraban en junio.

Tras pedirle a Recalde que autorice y facilite la visita a los hangares de Aerolíneas, Cirielli pide que se practique una «minuciosa auditoría técnica y financiera en las Áreas de Mantenimiento y Reparación», supervisada por los organismos de control y ambas cámaras del Congreso.

Esta batalla se inició por el envío de un Airbus 340-300 (de cabina ancha y apto para vuelos transatlánticos) para ser reparado a los talleres de TAP, en Río de Janeiro. Esos talleres fueron adquiridos por la aérea portuguesa en el desguace de la ex Varig, y no contarían con las autorizaciones ni calificaciones necesarias para proceder con esas tareas.

Denuncia

APTA denunció además que -por la impericia de los técnicos en trabajar con aeronaves de tal porte- una de las cuatro turbinas del Airbus 340 se desplomó al piso cuando se la estaba desmontando, y ahora habría que enviarla al fabricante para que la repare, a un costo que rondaría los u$s 2 millones.

Según APTA, la elección de TAP constituiría un «premeditado y escandaloso acto de corrupción y de violación a la normativa de seguridad aérea de Aerolíneas Argentinas», porque además de sus carencias técnicas habría sido elegido sin un proceso de licitación abierta.

En el comunicado de Aerolíneas, se dice que la elección de TAPME se hizo tras consultar a otros talleres y se presentaron tres: uno en Alemania, otro en Israel y el que resultó elegido «y se optó por la oferta más conveniente (por el precio, por los tiempos y por la distancia) sin que hubiera impugnación alguna». El comunicado de Aerolíneas no hace mención alguna a los méritos o calificaciones técnicos del taller elegido.

Cirielli responde que no sólo no se llamó a licitación abierta sino que el trabajo podría haberse hecho en los hangares de Aerolíneas Argentinas, y con el personal que representa.

Desde ya, es harto improbable que el Gobierno -que ya tiene bastantes problemas en otros frentes como para abrir otro- acceda al pedido de este sindicalista que -curiosamente- fue el primero en apoyar el proyecto «Kirchner presidente» cuando el sureño se lanzó, y fue uno de los primeros en abandonarlo cuando el matrimonio presidencial prefirió al entonces secretario de Transporte Ricardo Jaime, que también estaba enfrentado con Cirielli.

El técnico también está afuera de la coordinadora de gremios del transporte que comanda Moyano, y -al revés- hoy está alineado en la CGT Azul y Blanca, que inspira el gastronómico Luis Barrionuevo.