Un informe de la Auditoría General de la Nación (AGN) reveló que la ayuda alimentaria que reparte el Estado está basada en pautas tan “generales” que no tiene distinción por regiones y ni siquiera incluye menús con alimentos libres de gluten para enfermos celíacos.      

“Lo de los comedores comunitarios es una realidad. Muchas veces, nos contactan en busca de ayuda para poder afrontar la alimentación de personas celíacas. A veces tenemos la posibilidad de colaborar con alimentos a través de un mini banco que armamos con productos donados por empresas. Pero debe ser el Estado quien se haga cargo de estas cuestiones”, expresó Mariana Holgado, miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Celíaca Argentina. “Somos una ONG –completó- y nuestros recursos son limitados. A veces nos resulta imposible trasladarnos”.

Según Holgado, “es común que no se contemplen las necesidades de personas celíacas”. Desde la Asociación, cuando se enteran de que existe un ciudadano en situación de vulnerabilidad, recomiendan que vayan al área de Desarrollo Social del Municipio en el que viven. “No quiero generalizar, porque hay municipios que tienen en cuenta la celiaquía y otros que no”, aclaró.

 

Es difícil que los comedores escolares con cocina propia elaboren alimentos para celíacos.
Es difícil que los comedores escolares con cocina propia elaboren alimentos para celíacos.

¿Qué pasa en los comedores escolares? “Deben brindar una opción si hay un alumno celíaco. El cumplimiento es mayor en las escuelas que brindan el servicio de viandas a través de alguna empresa de catering. Se hace más difícil en los colegios que tienen comedor, ya que por más buena voluntad que haya, no cuentan con un lugar o información para preparar algo seguro, que no se contamine”, precisó Holgado.

“A veces -agregó-, no es una cuestión de presupuesto, generalmente las cocinas son muy chicas y es imposible separar o tener utensilios específicos”, afirmó Holgado. En ese caso, los padres tienen que enviar una vianda con productos aptos para el consumo de sus hijos.

Los celíacos tienen intolerancia al gluten del trigo, cebada, centeno y avena. Por eso, deben consumir alimentos libres de TACC, la sigla que hace referencia a la inicial de cada uno de esos productos. Pero deben lidiar con el mercado.

Un alimento libre de gluten cuesta hasta un 300% más que lo que vale uno común.

“Los productos específicos para celíacos son muchísimos más caros. A veces, cuestan hasta un 300% más que los similares con gluten. Quienes padezcan esta enfermedad no deben comer todos los días harinas y pre mezclas, que es lo más caro. Pueden consumir todo tipo de carne, vegetales y frutas. Deben balancear”, planteó Holgado. Un kilogramo de pre mezcla, que es la harina base que utilizan para cocinar, sale $145. Un kilogramo de harina 000 cuesta unos $33, mientras que una 0000 sale alrededor de $50.

En la Asociación dan clases de cocina para que la gente pueda comprar los ingredientes y preparar, por ejemplo, galletitas. De ese modo, evitan comprar el producto terminado que resulta más costoso. “Desarrollamos un recetario con harina de maíz, con polenta, que se consigue en todos lados”, comentó.

Holgado dio cuenta de que en la Provincia de Buenos Aires, los celíacos en situación de vulnerabilidad, es decir aquellos que no tienen trabajo registrado ni obra social, reciben la tarjeta Alimentos. La utilizan como si fuera una de débito. Allí, el Estado les deposita $900 mensuales por persona con celiaquía.