Como la Dirección de Tránsito porteño tiene la misión de pensar y ejecutar planes para mejorar la circulación vehicular y peatonal, la Auditoría de la Ciudad (AGCBA) quiso averiguar de qué manera se cumplía ese objetivo. La primera respuesta obtenida fue un listado de las esquinas donde hay semáforos y bolsones peatonales. Ante esto, el organismo de control debió especificar su consulta: pidió detalles sobre la planificación prevista para los años 2010 y 2011, y finalmente la dependencia contestó con una confesión: “No existe un plan de trabajo”.

Según un informe de la AGCBA, aprobado en noviembre del año pasado, en lugar de proyectar su labor, la Dirección de Tránsito realiza obras de acuerdo a “la demanda de los vecinos”, que “solicitan ejecución o mantenimiento” de trabajos relacionados con demarcaciones horizontales y verticales en las calles de la Ciudad.

La dependencia, que opera bajo la jurisdicción del Ministerio de Desarrollo Urbano, también manifestó que aplica ese criterio, el de actuar a pedido de los porteños, más “las inclemencias del paso del tiempo”, para decidir la colocación de nuevas señales viales. De esta manera, deduce el organismo de control, “no existe un relevamiento de las necesidades” que tiene la Ciudad sobre la instalación de carteles o equipos que permitan agilizar la circulación vehicular y peatonal.

El objetivo de la Auditoría porteña era analizar dos de los programas presupuestarios de la Dirección. Por un lado, el número 42, “Acciones de Ordenamiento del Tránsito”, que debe proponer un uso racional de la vía pública mediante estudios de ingeniería, modelizaciones, y obras de señalización luminosa, para que la red vial se mantenga operativa; y, por el otro, el 45, “Instalación de señalamiento Vertical y Horizontal”, es decir, los carteles que indican la forma más correcta y segura de transitar, y que permiten tener una información precisa de los obstáculos y condiciones de calles, avenidas y autopistas.

Sobre estas dos iniciativas, el organismo de control detectó “subejecución de metas físicas” durante el período analizado (2010). En el caso del primer programa, la dependencia había planificado  -desde el punto de vista presupuestario- la instalación de 128 cruces, de los que solamente se realizaron ocho. Y, para el segundo, “la previsión indicaba atender 11.700 señales, sin embargo lo realizado fue 4.584”, dice el informe.

No obstante, la AGCBA aclara que en 2010 los dos programas sufrieron recortes en sus presupuestos: el de Acciones para el Ordenamiento del Tránsito” registró una disminución del 22%, mientras que la merma del de Instalación de Señalamiento Vertical y Horizontal alcanzó el 67%. El problema, además, fue que este ajuste del dinero disponible no estuvo acompañado por la formulación de metas físicas más modestas. Así, para la Auditoría, las diferencias entre los objetivos trazados dentro de estas iniciativas, y lo que figura en el presupuesto de la Dirección, impide “evaluar cabalmente su eficacia”.

Los auditores quisieron evaluar “in situ” el ordenamiento del tránsito y, para eso, recorrieron algunos sectores de la Ciudad considerados como críticos. En principio, realizaron dos trayectos sobre bicisendas; uno de Puan y Bonifacio hasta Perón y Carlos Pellegrini, y el otro desde Gorriti y Dorrego hasta Billinghurst. El informe indica que, de los 40 semáforos relevados, “sólo 12 incluían la señal para ciclistas”, pese a que hay una norma del Sistema de señalización Vial Uniforme que dispone que los semáforos deben ser colocados con caras hacia todos los sentidos de circulación a los que estén destinados (artículo 33 del Anexo L, al artículo 22 del Decreto Reglamentario Nº 779/95).

Asimismo, la idea era chequear los carriles exclusivos para transporte público que tienen algunas avenidas, como Entre Ríos, Callao, Jujuy, Pueyrredón, Santa Fe, Córdoba y Las Heras. En esos viajes, se observó que las calles que cruzan estas avenidas “no han sido equipadas con señalética informativa”, para evitar, por un lado, el ingreso de vehículos no autorizados que puedan obstaculizar la circulación de colectivos y, por el otro, que estos rodados reciban una multa por cometer un error del que no se los advierte oportunamente.

Pero también hubo recorridas sobre la Avenida Juan B. Justo, por donde circula el metrobus. Cuenta la Auditoría que, a lo largo de ese camino, “se han creado algunos puntos de ingreso y egreso para los colectivos a la vía exclusiva, dos de los cuales se ubican en las intersecciones con las calles Lisboa y Argerich. (Allí) hay dos semáforos juntos que apuntan en igual sentido, uno de ellos es para el tránsito particular y el otro para los colectivos, (que) por toda distinción posee a su alrededor un cartel de color negro con una inscripción que dice "sólo buses". Las características de tamaño y color no permiten su fácil visualización, la que es escasa aún en la cercanía y nula a la distancia”.

Otro tema que resalta el organismo de control es la “falta de una readecuación del sentido de circulación de las calles adyacentes” a la Juan B. Justo. “Téngase en cuenta -continúa el informe-, que la creación del Metrobús y su puesta en marcha significó la reducción en más de un 50% de la arteria para el tránsito particular, y la eliminación de la mayor parte de los semáforos que permitían giros a la izquierda”.

Ante estos hallazgos, la Auditoría porteña concluyó que “la falta de planificación en materia de ordenamiento de tránsito (es una) cuestión de fundamental importancia que merece ser tenida en cuenta (para) generar soluciones a la compleja situación vial de la Ciudad de Buenos Aires”, y añade: “Resulta imprescindible que la gestión desarrolle estudios y planes a los fines de poner en práctica una política que no consista en medidas aisladas y desvinculadas entre sí, sino que sean implementadas como parte de un conjunto inseparable”.