En 2008 la Ciudad de Buenos Aires sancionó la ley 2807 para regular el reciclaje de los aparatos electrónicos usados por el Estado porteño. No obstante, tres años después, alumnos de colegios secundarios públicos y privados detectaron que la norma nunca fue reglamentada y que en la actualidad no se aplica.

El dato aparece en un informe elaborado por los participantes de la edición 2010 del programa Escuela de Vecinos que investigaron la problemática de los residuos en la Ciudad. El texto también señala que no se cumple con el artículo 9 de la Ley de Basura Cero, la 1854, referido a la responsabilidad de las empresas por los productos que colocan en el mercado y que generarán deshechos.   

Para el trabajo, los chicos recibieron capacitación, se entrevistaron con funcionarios, legisladores y grandes generadores de residuos, e hicieron relevamientos en sus comunas.

En esas recorridas se descubrió que un importante porcentaje de los grandes generadores de basura (supermercados, edificios de más de 19 pisos, hoteles de 4 y 5 estrellas y hospitales, entre otros) “no están notificados del procedimiento que deben realizar con sus residuos”, y que, de hecho, “muchos no sabían que entraban en esa categoría”, dice el informe. Estos casos están regulados por dos resoluciones, la 50 de 2005 y la 808 de 2007, que obligan a separar los residuos sólidos de los húmedos. No obstante, los alumnos afirmaron que “estas normas tienen definiciones demasiado amplias sobre lo que se considera un gran generador y no establecen un mecanismo de notificación fehaciente”.

Asimismo, aunque haya casos de grandes generadores que efectivamente hagan la separación de residuos en origen, según los chicos, la empresa recolectora “invalida ese esfuerzo” volviendo a juntar todos los deshechos. Por otra parte, la investigación puntualiza el caso de la Avenida Avellaneda del barrio de Flores, que funciona como un shopping a cielo abierto, donde se encontró “bastante acumulación de basura diaria en la vía pública, ya que algunos negocios arrojan retazos de tela y demás residuos a la vereda sin darle separación ni proceso previo”.

Panorama

La gestión de los residuos sólidos en la Ciudad está regida por la Ley 1854 de Basura Cero, una norma que dispone la reducción progresiva de la basura que se lleva a los rellenos sanitarios, lo que se conoce como disposición final. La ley establece plazos y metas. Por ejemplo, para este año se planteó un máximo de 1.048.359 toneladas de basura, pero el informe de los chicos dice que en todo 2009 se produjeron 1,9 millón de toneladas. Todo eso es enviado al relleno Norte III de la localidad de José León Suárez, en el conurbano bonaerense, que depende de la CEAMSE.

Puertas adentro, antes de la sanción de la ley ya había un sistema de recolección vigente en la Ciudad que no preveía la separación en origen de los residuos húmedos y secos. Así, según los alumnos, hoy no rige esta obligación para los residuos domiciliarios y, aunque haya vecinos que lo hagan, toda la basura va a parar al mismo relleno.

En cuanto a los contenedores para discriminar la basura, el informe señaló que hay 6 mil distribuidos en las 24 mil cuadras de la Ciudad, es decir, uno cada cuatro cuadras. No obstante, “un gran porcentaje de vecinos arrojan la basura sin ninguna separación”. En números, el Estado porteño destina más de $ 1.200 millones anuales para la recolección de residuos. Y, a futuro, se pondrá en marcha un nuevo sistema que prevé la diferenciación de la basura entre húmedos, tratados por las empresas de recolección, y secos, que estarán a cargo de las cooperativas de recuperadores urbanos.

Propuestas

Tras su investigación, los participantes del programa Escuela de Vecinos, una iniciativa de la Fundación Éforo y la Vicaría porteña, presentaron ante la Legislatura porteña una serie de propuestas para la problemática de la basura.

“La Ciudad debe hacerse cargo de la basura que genera en su perímetro, es necesario que se adopten medidas para tratar los residuos de un modo responsable y sustentable sin hacer pagar a otros el costo ambiental de nuestras deficiencias”, sostuvieron los chicos.

También destacaron que la concientización individual es un proceso lento que requiere la modificación de hábitos conductas. Por eso, dicen, “pensamos que la escuela es un lugar apto para contribuir a esos cambios”.

Además, sugirieron la utilización de bolsas domiciliarias biodegradables de distintos colores para la separación de la basura en origen y el desarrollo de campañas publicitarias que incentiven esta discriminación, “adaptando los mensajes a los distintos medios y edades de los destinatarios, y haciendo hincapié en las consecuencias” que traería no cumplir con la campaña.

Desde lo institucional, los alumnos propusieron crear una semana de la conciencia ambiental, en la que se difunda información y se pongan en práctica proyectos de reciclado. Para esto, aconsejaron generar una articulación entre los Ministerios de Educación y de Espacio Público y Medio Ambiente. Asimismo, exhortaron a los Centros de Gestión y Participación Comunal a que “tengan un rol activo en el tema de los residuos, especialmente en materia de concientización ciudadana y control a las empresas”. Sobre el control, plantearon la posibilidad de hacer seguimientos semanales del mantenimiento y distribución de los contenedores en los barrios; fiscalizar a los grandes generadores de basura (publicitando el resultado de las inspecciones); habilitar un número telefónico para denunciar incumplimientos; chequear la labor de las empresas recolectoras; y, en el caso de los locales gastronómicos, mejorar los medios de distribución de los alimentos perecederos que, estando en condiciones de ser consumidos, se descarten al final de cada día “a la gente más necesitada”. Para completar, sugirieron a los partidos políticos porteños que difundan sus ideas sobre esta temática.