Publicado en el suplemento
Acciones para la Participación Ciudadana del diario Perfil

Los humedales son ecosistemas fundamentales para el equilibrio del medio ambiente y la mitigación del cambio climático. En Argentina, ocupan el 22% del territorio. En 1991, el país se unió a la Convención Ramsar, un acuerdo internacional que tiene por finalidad protegerlos. Sin embargo, todavía no existe una ley de presupuestos mínimos para su conservación y el inventario aún no está terminado.

Hay 23 sitios declarados Ramsar, pero se estima que la cantidad de humedales es mayor. Mallines, vegas, lagunas, bosques fluviales, turberas, salinas, esteros, bañados y costas marinas, y altoandinos son ecosistemas que ocupan 600.000 kilómetros cuadrados. Tienen como característica común la presencia temporaria o permanente de agua superficial o subsuperficial.

Su importancia radica en la gran cantidad y variedad de servicios ecosistémicos que brindan, como la purificación y conservación de agua, pero, sobre todo, algunos tienen la capacidad de absorber hasta cuatro veces más dióxido de carbono que los bosques. “A nivel mundial, hay una gran preocupación por la deforestación. Sin embargo, la pérdida de humedales es tres veces mayor que la de los bosques y no se tiene en cuenta. La razón es que estos ecosistemas tienen mala prensa”, expresó Rubén Quintana, biólogo y presidente de la Fundación Humedales.

 

Hay 23 sitios declarados Ramsar, pero se estima que la cantidad de humedales es mayor.
Hay 23 sitios declarados Ramsar, pero se estima que la cantidad de humedales es mayor.

 

La mala fama se debe a sus características. “Se inundan, son consideradas tierra de descarte, no sirven para actividades productivas tradicionales, hay plagas. Todo esto se ve de manera negativa. Entonces, lo mejor que pueden hacer con estos terrenos es transformarlos en otra cosa y romper con su naturaleza”, añadió.

Lo que no suele verse son sus beneficios. Los humedales son sistemas dinámicos y cumplen funciones como el abastecimiento de agua, la amortiguación de inundaciones, la protección frente a tormentas, la reposición de aguas subterráneas, la estabilización de costas, la retención y exportación de sedimentos y nutrientes, la mejora en la calidad del agua, la provisión de hábitat para la diversidad biológica, así como numerosos productos que se obtienen de ellos, tales como pescados, forraje y madera, entre otros.

“Son vitales para la salud de la población. Los desequilibrios ambientales generados dan lugar a nuevas enfermedades”, afirmó Daniel Bracamonte, de RAPU.

En el informe publicado por Ramsar en 2018, titulado “Humedales: en peligro de desaparecer en todo el mundo”, se detalla que desde 1900 a la fecha desapareció el 64% de los humedales del planeta. Esta pérdida, según indican, es mayor en algunas áreas, siendo Asia el continente que encabeza el ranking. Pero es una tendencia generalizada que se mantiene.

“El panorama sigue siendo más o menos el mismo. Destrucción, degradación, desaparición de humedales a nivel mundial. Lamentablemente, eso continúa. No se ha logrado revertir el proceso. Donde hay datos más antiguos, se habla de que se perdió un 80%. La tendencia es bastante negativa”, remarcó Quintana.

La Red de Áreas Protegidas Urbanas (RAPU) es una coordinadora que reúne más de 34 organizaciones que trabajan defendiendo reservas naturales, áreas protegidas y espacios verdes urbanos en la provincia de Buenos Aires. “Los humedales son vitales para la salud de la población. Los desequilibrios ambientales que estamos generando dan lugar a la propagación de nuevas enfermedades”, aseveró Daniel Bracamonte, integrante de la Red.

Desde allí, observan con preocupación lo que sucede con los humedales. La construcción de barrios cerrados, el relleno y movimiento de tierras, la canalización, los diques, las lagunas artificiales, los loteos ilegales, la falta de análisis de impacto ambiental, los cultivos intensivos y la ganadería son algunas de las actividades productivas que dañan estos ambientes, destruyendo sus beneficios ecosistémicos.

“La pérdida de humedales es tres veces mayor que la de los bosques y, sin embargo, no se tiene en cuenta”, alertó el biólogo Rubén Quintana.

“Es necesario tomar conciencia de lo fundamental que son para la vida y el desarrollo, hay que entender que no se trata de lugares improductivos que podrían ser drenados o rellenados para su uso urbano o agropecuario o bien ser inundados para acopiar agua con diversos fines, sino que gracias a su biodiversidad característica tienen funciones particulares”, subrayaron desde el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación.

Según informaron desde la cartera ambiental, están llevando a cabo líneas de trabajo vinculadas con los humedales con el objetivo de impulsar su conservación y uso sostenible, entre ellas revisar y actualizar el marco normativo, profundizar la implementación de la Convención Ramsar y la articulación con los sitios. También, indicaron, trabajarán en la realización del inventario y en el desarrollo de lineamientos técnicos a incorporar para su gestión adecuada. Por último, prometieron elaborar herramientas y actividades enfocadas en concientizar a la población.

¿Es suficiente? Para Bracamonte, no. Desde RAPU piden más controles y reformar la Ley Provincial de Medio Ambiente para darle al Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) jurisdicción provincial absoluta. “No tienen poder de clausura, no hacen análisis de impacto ambiental, no realizan controles ni inspecciones, les falta poder interjurisdiccional. Ellos deberían tener la última palabra y poder intervenir en cualquier municipio o territorio. Para controlar la provincia de Buenos Aires solo cuentan con 14 inspectores”, denunció.  También proponen la creación de una “policía ambiental”.

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