El mercado laboral sigue sin dar respuestas a la juventud
Un nuevo informe de Fundación Éforo analiza las principales dificultades que enfrenta la población joven en Argentina a la hora de insertarse en el mundo del trabajo. Desigualdades salariales, informalidad y alta rotación son algunos de los rasgos que definen las barreras que se le presentan a la juventud.
Las juventudes enfrentan experiencias inequitativas e injustas al momento de buscar y conseguir un empleo. En el mercado laboral, la población joven está más expuesta que la adulta a la inestabilidad, la alta rotación, al desempleo, a la informalidad y a remuneraciones precarias. Ya sea por la falta de experiencia o de formación académico-técnica, las juventudes atraviesan realidades complejas al momento de integrarse al mundo laboral.
El último informe de Fundación Éforo, “Las juventudes y el mundo del trabajo”, ofrece una caracterización de la población joven en edad de trabajar, comprendida entre los 18 y 25 años. Con el objetivo de ampliar la información sobre las dificultades que atraviesan en la inserción laboral, el trabajo busca conocer las trayectorias laborales de los jóvenes y ver cómo inciden distintos factores socioeconómicos en el acceso al mercado de trabajo. A su vez, expone la particular relación de esta población con el mercado del trabajo, que se convirtió en una fuente de insatisfacción y, también, de exclusión social.
En Argentina, según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) correspondiente al primer trimestre de 2024, la población entre los 18 y 25 años representa el 12% del total del país, aproximadamente 5,7 millones de personas. De este grupo poblacional, el 45% está ocupado en un empleo. Sin embargo, la ocupación se distribuye de manera desigual entre géneros: mientras que el 59% de los varones está ocupado, en las mujeres esa cifra alcanza el 41%.
El nivel de ocupación de los jóvenes es significativamente inferior al de los adultos (69%). Además de observar no solo una disparidad entre varones y mujeres jóvenes de 18 puntos porcentuales (p.p) -indica una mayor dificultad para encontrar y permanecer en un trabajo para las mujeres-, se verifica que los jóvenes, en general, se encuentran muy por debajo de los niveles de ocupación respecto de la población adulta.
La tasa de desempleo juvenil es 3,9 puntos porcentuales mayor a la general de Argentina, que ronda el 6,9%
Esta situación puede explicarse porque en este rango etario (entre 18 y 25 años), una porción importante se encuentra estudiando y decide postergar su integración al mercado laboral. Pero también obedece a un desajuste entre la demanda y la oferta de trabajo para los jóvenes. La falta de experiencia o capacitación requerida para los distintos puestos de trabajo se convierten en desincentivos tanto para postularse al trabajo como para quienes los reclutan.
Otro factor que explica la escasa tasa de ocupación es el bajo nivel de los salarios que se ofrecen a los jóvenes. Para ellos, trabajar en empleos con remuneraciones insuficientes dificulta aún más la organización y planificación de sus vidas, lo cual genera problemas al momento de decidir entre el estudio o el trabajo. Esta realidad se expresa directamente en los datos: del 55% de los jóvenes que no trabaja, el 45% está inactivo y el 10% restante (alrededor de 600 mil personas) está desempleado. La tasa de desempleo juvenil es 3,9 p.p. mayor a la general de Argentina, que ronda el 6,9% (según datos del Indec del tercer trimestre de 2024).
Del total de jóvenes inactivos, 1,6 millones se dedican a estudiar y 850 mil son los Nini (ni trabajan, ni estudian)
Precisamente, la inactividad es otra de las problemáticas que afecta de forma significativa a las juventudes y pone en evidencia las dificultades de articular el periodo de transición educativo-laboral, la decisión de iniciar algún tipo de formación académica o técnica y la demanda del mercado laboral. Del total de jóvenes inactivos, 1,6 millones se dedican a estudiar y 850 mil son los Nini (ni trabajan, ni estudian). Esta situación particular es la más problemática y urgente de ser abordada desde la política. Es la porción de la población joven que enfrenta múltiples desafíos que repercuten en su desarrollo personal y en su inserción socioeconómica futura.
Informalidad: una constante en el mundo laboral argentino
En el informe se destaca que las asimetrías e inequidades que enfrentan los jóvenes al momento de integrarse al mundo laboral no se agotan en el acceso a un puesto de trabajo. El tipo de empleo, de contratación, la remuneración y la duración en el cargo son distintas variables que explican las diferencias entre las trayectorias laborales de jóvenes y adultos.
En cuanto a las condiciones de empleabilidad, se observa que la informalidad laboral presenta, en principio, datos preocupantes: 1 millón de jóvenes trabaja en empleos informales, lo que representa el 40% de la fuerza laboral juvenil.
La informalidad es un problema estructural del mercado laboral argentino que afecta en proporciones similares a jóvenes y adultos. Se detalla entre las conclusiones que “la relación entre formalidad e informalidad no varía sustancialmente entre jóvenes y adultos: aproximadamente un 60% de los trabajadores tienen un empleo formal y un 40% empleo informal en ambos grupos etarios. La informalidad implica la falta de acceso a derechos como seguridad social, aguinaldo, vacaciones pagas y protección frente a despidos”.
La expansión de los empleos informales, junto con la contracción de los empleos formales, sigue siendo una característica dominante en el mercado laboral argentino. A la informalidad se le suma la intermitencia o inestabilidad laboral. Los jóvenes tienden a experimentar trayectorias laborales más intermitentes, con cambios frecuentes de trabajo y una mayor rotación laboral. El 43% de los jóvenes tiene una antigüedad menor a un año en su empleo.
1 de cada 2 mujeres entre 18 y 25 años accede a empleos de jornada parcial
Respecto al tipo de contratación, de los jóvenes con un empleo, solo el 38% tiene un trabajo de jornada parcial. Esta situación empeora para las mujeres: 1 de cada 2 de entre 18 y 25 años accede a empleos de jornada parcial. Distinta es lo que ocurre con los varones jóvenes, donde el 72% trabaja en empleos de jornada completa.
Educación y empleo
La formación educativa constituye un capital fundamental para acceder a un trabajo. En la población joven, el 66% del total de ocupados (1,7 millones) completó la educación secundaria o alcanzó niveles universitarios incompletos. “La finalización de estudios secundarios o el acceso a la educación superior es un umbral crítico para la inserción laboral juvenil”, resalta el informe.
6 de cada 10 de los jóvenes ocupados (1,7 millones) han completado la educación secundaria o han alcanzado niveles universitarios incompletos.
Por otro lado, el 27% de los jóvenes ocupados no completó la secundaria. Se trata de aproximadamente 680 mil jóvenes, con una proporción mayor de varones (460 mil) en comparación con las mujeres (220 mil). Los jóvenes con empleo y secundario incompleto son, a su vez, los que acceden a trabajos precarizados y muestran trayectorias laborales marcadas por la intermitencia y la informalidad.
En el nivel de educación superior completa, se observa que 6 de cada 10 jóvenes con empleo completaron el secundario completo o tienen estudios universitarios incompletos. Estos datos muestran que las trayectorias educativas son fundamentales al momento de integrarse al mercado laboral. Mientras una persona con estudios secundarios completos tiene más oportunidades de conseguir un empleo, se comprueba directamente que el desempleo afecta significativamente a las personas con niveles educativos incompletos, especialmente primaria y secundaria.
En el último apartado del informe se analiza cómo las condiciones habitacionales condicionan tanto las trayectorias educativas como laborales. La pobreza o la indigencia impacta directamente en el acceso a educación y salud, y en la capacidad para insertarse en el mercado laboral en condiciones dignas.
Entre los datos expuestos se destaca que el 61% de los jóvenes vive en hogares pobres, de los cuales el 39% son pobres y el resto, el 22% indigentes. Esta situación es más frecuente en mujeres jóvenes, donde el 63% reside en hogares pobres, mientras que en los varones la cifra es del 58%. Así, señala una realidad económica compleja para este grupo etario. Es por ello que el informe destaca que la integración sociolaboral de los jóvenes está vinculada tanto a las condiciones de vida en sus hogares como a las oportunidades de acceso y permanencia en el sistema educativo.
El 61% de la población joven reside en hogares pobres, de los cuales el 39% son pobres y 22% indigentes
En las últimas décadas, intensificado por la pandemia, los mecanismos tradicionales de integración social, como son el sistema educativo y el mundo del trabajo, se convirtieron para una porción significativa de la población joven en dispositivos de exclusión social. Esta situación se debe a la escasa articulación y falta de transición entre la formación educativa y el acceso a un trabajo digno. Las trayectorias educativas de los jóvenes juegan un rol determinante en el desarrollo de las personas y, de forma directa, orientan el futuro acceso a los empleos formales y de calidad, que son, en definitiva, los que brindan estabilidad económica y social.
Estos condicionamientos estructurales e históricos que afectan a la población joven en Argentina señalan que, sin la implementación de políticas educativas y laborales, la situación tenderá a consolidar un mundo del trabajo y un sistema educativo aún más desarticulados, sin poder garantizar derechos humanos fundamentales con rango constitucional, como son la educación y el trabajo.
Para profundizar más en el tema y porque analizar la realidad es también participar, Fundación Éforo te invita a conocer los informes técnicos y ciudadanos disponibles en su sitio web.