Con una cuarentena que ya lleva más de un mes, y que -según parece- será prolongada hasta principios de mayo, la modalidad de home office ganó un protagonismo que, antes, solo gozaba en el marco del debate sobre el futuro del trabajo y que, hoy, deja en evidencia que ni las empresas ni las casas estaban del todo preparadas para afrontar semejante presente.

Esta es una de las conclusiones a las que arribó el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), tras investigar la situación del mundo del trabajo antes de que sea declarada la pandemia.

En líneas generales, el relevamiento señala que tanto el aparato productivo como los hogares “se encuentran rezagados en términos tecnológicos”, lo cual provoca que “la diferencia entre el teletrabajo potencial y el efectivo sea muy grande”

Además, esta grieta se ensancha aun más si se incluyen dimensiones como el tipo de tareas y hasta el sexo de los trabajadores. 

Para cuantificar su conclusión, el CIPPEC analizó datos oficiales de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) correspondiente al tercer trimestre del año pasado, que abarcó a casi 12 millones de ocupados distribuidos en 31 aglomerados urbanos. 

Asimismo, se sumó la estimación del Clasificador Nacional de Ocupaciones para determinar cuántos trabajos pueden migrar al home office. 

“En el mejor de los casos”

“El primer hecho que surge del análisis es que, en el mejor de los casos, el porcentaje de tareas que puede realizarse desde el hogar se encuentra entre un 27 y un 29% de las ocupaciones”, apuntó el CIPPEC, es decir poco más de un cuarto del total de oficios.

En gente, esto implica que “de un total aproximado de 11,7 millones de trabajadores cubiertos por la EPH, entre 3,1 y 3,3 millones se dedican a tareas que podrían ser realizadas desde el hogar”, calculó el informe y añadió que, “como complemento, entre 8,3 y 8,5 millones de ocupados no puede trasladar sus labores diarias al mundo digital”.

Igualmente, el CIPPEC remarca que, hacia adentro, esas proporciones “esconden grandes diferencias”, sobre todo si el análisis discrimina por calificación o jerarquía del personal. 

Por ejemplo, el informe explica que “en el agregado de ocupaciones profesionales, el potencial de teletrabajo supera cómodamente el 50%, mientras que en las no calificadas no llega al 10%”.

Y también hay “diferencias palpables en términos de género”, aporta el Centro. Dice textual: “El potencial de teletrabajo sube a 32%-34% en el caso de los hombres y desciende a 24%-25% en las mujeres, lo que esconde sesgos que son conocidos: el 70% de los roles directivos (NdeR: de migración relativamente fácil al home office), es llevado a cabo por hombres. Para otro tipo de tareas, como las asociadas a servicios en general y servicios sociales en particular, la participación de mujeres es mayor, pero es mucho más difícil que puedan ejecutarse a distancia”.

¿Y las empresas?

Por el lado patronal, el CIPPEC observó que “son muy pocas las empresas que implementan prácticas asociadas al teletrabajo”. 

De hecho, el apartado específico dentro de la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) de 2017, mostró que sobre casi 65 mil firmas relevadas “apenas 946” habilitan esta modalidad, lo que equivale al 3% del total.

No obstante, al analizar el potencial de la modalidad de trabajo remoto según la actividad económica, se observa que los rubros más “teletrabajables” son el de finanzas y seguros (61% de los puestos pasibles de mudanza digital), información y comunicaciones (58%), y enseñanza (71%).  

El tema es que, como se verá más adelante, si se considera la infraestructura en los hogares, la potencialidad en cuestión baja. Por ejemplo, en el caso de la enseñanza, los problemas de implementación hacen que ese 71% caiga al 55%. Y algo parecido le ocurre al rubro financiero, que también desciende al 45%. 

En este marco, el informe recomendó, por un lado, “desarrollar una estrategia de transformación digital que permita llegar a los segmentos empresariales más alejados a la innovación tecnológica” y, por otro lado, focalizar los esfuerzos hacia los rubros cuya potencialidad de moverse al teletrabajo sea nula: “Se trata de unos 4,8 millones de trabajadores, prácticamente un 40% de la cantidad total de ocupados registrados por la EPH (para quienes) el costo del aislamiento es prohibitivo, no sólo por la imposibilidad de percibir sus ingresos laborales durante la cuarentena sino también porque se concentran en las franjas vulnerables de la población”. 

Más análisis, menos probabilidad 

Como ya se dijo, la potencialidad de migrar el trabajo hacia la modalidad remota llega al 27-29% solo en el mejor de los escenarios. Y es que, a medida que se suman más elementos para el análisis, el porcentaje baja hasta perforar el piso del 20%.

En ese sentido, el CIPPEC reveló el impacto de otros “obstáculos para la adopción del teletrabajo”, como el acceso a internet o el uso de las computadoras en los hogares.

 

“Si corregimos el potencial de teletrabajo teniendo en cuenta el acceso a internet en los hogares, vemos que el porcentaje de trabajos que pueden realizarse desde casa cae a un 25%: menos de 3 millones de trabajadores sobre un total de casi 12 millones”, detalla la investigación y completa que, si la corrección se hace por el uso de computadoras en el hogar, la proporción llega al 18%, lo que deja a unas 9,5 millones de personas sin la posibilidad de mudar sus tareas al terreno digital